188.
Recibía lo que esparcía
el perfume alegrante de las flores,
jugaba con mi propia sombra,
la tímida brisa y las avecillas volanderas.
189.
Cuando divisaba alguna pieza
en el cercano, talludo monte,
rápidamente armaba la flecha en el arco
y de un flechazo, al punto, quedaba atravesada.