Pulcro y nada díscolo,

solía andar con los ojos bajos,

mesurado en el hablar y poco amigo de querellas,

aun con la injuria, no salía de quicio.

210.

En fin, en prudencia era modelo

de la estudiantil compañía;

ni en obra ni en dichos podría cogérsele

nimiedad en desdoro del buen comedimiento.

211.