De la que era admiración de la escuela,

rectitud de Adolfo mostrada,

no cataba aquella dulzura que

de los caracteres de mi padre y de mi madre eran sabroso fruto.

214.

Mi corazón inclinábase a amarle,

no sé qué repugnancia mutua

nos tuvimos Adolfo y yo;

percibíalo, aunque no daba con la causa.