sino el decir: "Tú, que arrebataste

mi honra, debes morir."

228.

Y al mismo tiempo me acometió

con el acero mortífero que tenía preparado,

y, si no me hubiera hurtado de él, me hubiese tendido en el suelo

con los tres desaforados tajos que soltó.

229.

Como cayera a fuerza de huir el bulto,

a seguida me largó un bravo tajo;