a Adolfo no le alcanzó el amanecer,
fue conducido, en el mismo momento, a la patria Albania.
232.
Todavía duré un año más en Atenas,
esperando la voluntad de mi querido padre;
por mi desdicha, recibí entonces carta
donde cada letra me era puñal venenoso.
233.
Imaginación que nunca cesas de apurar,
a quien no consiguió arrollar el ímpetu de mis lágrimas,