Del enlace de nuestros hombros
el queridísimo amigo no lograba desasirse,
hasta que le permitió seguirme
nuestro maestro, su tío.
252.
Al cabo, las despedidas tuvieron fin,
entre sollozos de unos y otros;
y, con el ruido y alboroto de los "adiós",
los suspiros se entreveraron.
253.