Hasta el embarcadero me acompañaron

nuestro maestro y los compañeros que dejaba,

sopló el viento y pronto se apartó

de la playa de Atenas nuestro barco.

254.

Semejaba a saeta disparada

la velocidad de nuestra proa navegando,

así que, en breve tiempo, mis pies pisaron

la playa de la ciudad de Albania.

255.