257.

En pocas palabras, la dicha nuestra de mi padre

quedó ahogada por la dureza de un singular dolor,

alcanzándonos todavía abrazados

el embajador del pueblo de Crotona.

258.

Venía ya del palacio real

y de comunicar al rey su objeto,

portando una carta para mi padre venerado,

de puño y letra de su suegro el monarca.