que prestan tono tan melancólico a mis palabras.

280.

Hija de Linceo, rey malogrado,

y cifra de mis ilusiones;

¿por qué permitió el alto cielo

que la viese, si yo no la merecía?

281.

¡Oh, rey Linceo! si no la obligaste

a tomar parte en nuestra plática,

mi vida no hubiera sufrido,