el amor sañudo que me ahogaba,
y sigue ahogando mi destartalada vida.
294.
El recio corazón del milagro de hermosura,
sintió piedad de mis cuitas,
y, no fuera porque su ingénita entereza
puso veto, mi amor sería bienhallado.
295.
Pero, si el sí no llegó a decir,
el nublado de amor se abrió y disipó,