Subió de punto la alegría cuando se supo

que era nieto del rey que veneraban,

ni era menos, asimismo, la del monarca;

las lágrimas deban fe del regocijo.

311.

Subimos al palacio famoso

y descansaron los soldados de sus fatigas,

pero el pueblo, casi por tres días,

olvidó su costumbre de dormir.

312.