el osado rijoso, conduciéndose cual bestia,
abofeteó al paradigma de la hermosura.
322.
A escape desligué de las manos
la cuerda inhumana e irrespetuosa,
mis dedos, de devoción, se recataban
de tocar una piel tan digna de respeto.
el osado rijoso, conduciéndose cual bestia,
abofeteó al paradigma de la hermosura.
322.
A escape desligué de las manos
la cuerda inhumana e irrespetuosa,
mis dedos, de devoción, se recataban
de tocar una piel tan digna de respeto.