por visitar su interior de sobejana espesura.

2.

Gigantescos árboles daban allí

tan sólo apesaramientos, congojas y tristura;

canto todavía de las aves ponía espanto

al ánimo más sereno y regocijado.

3.

Cuantas yedras sarmentosas se enredaban

en las ramas, iban armadas de púas;

y las frutas, afelpadas, picaban