de manera que mi pujante acero

fue temido por diez y siete reyes.

335.

Un día que acababa de ganar una batalla

en la ciudad de Etolia que invadí,

recibí de mi rey carta,

ordenándome, con apremio, el regreso a Albania.

336.

Y el mando del ejército que guiaba

encomendase a Minandro.