Cuando supe que iban a decapitar
a mi infeliz bien amado asegurado en la mazmorra,
me eché a los pies del hipócrita rey.
362.
Lágrimas y quejidos mendigaron el perdón
del propio hijo que era mi todo bien y cariño,
la respuesta era que, si no aceptaba de buen grado
sus amores, no le perdonaría.
363.
¿Qué iba yo a hacer en estas circunstancias?