¿Dejar por ventura que mataran a mi bien amado?

Mostré blandura, a fin de que viviese

el príncipe amado, tan digno de piedad.

364.

El pecho que, recalcitrante, no se doblegaba

al halago, fieros y amor del rey,

fue laxo de propósito, dándose en holocausto

para poder salvar la vida de su ídolo.

365.

De alegría el rey soltó en seguida