379.

Hizo todo ello Adolfo

para amotinar al ciego pueblo,

difundiendo, en nombre del rey,

los tales decretos, partos de corazón doloso.

380.

En el mismo instante destronaron

a mi padre rey y le decapitaron.

¿Podría, por ventura, llamarse a razón

un corazón aleve y un pueblo alborotado?