Géneros enteros de literatura de autores anónimos, corrieron manuscritos de mano en mano, sin imprimirse nunca. Así que el Dr. Pilápil sugirió la recogida de todos los manuscritos de la Pasión al autorizar la revisada por él en 1814; así el Dr. Vicente García tradujo directamente del latín su Kempis, por la multitud de Kempis manuscritos adulterados, que circulaban con daño de la Religión. De las comedias que, según Fr. José María Ruiz, estaban "escritas en lenguaje correcto, pero sublime y levantado, más aún que los corridos", sólo fueron impresas una docena de las mil y tantas que solazaban a los pueblos y barrios de las provincias tagalas. Apenas habrá barrio que no cuente con dos o más originales que, con actores improvisados del mismo barrio, se sacaban a relucir al aire libre, en sus fiestas de guardar. Sábese de Joseng-Sisiw que sólo él tenía escritas cosa de un centenar. Y Balagtás mismo, otro tanto, y, a no ser por el celo de su biógrafo, no conoceríamos hoy extractos de más de diez comedias de Balagtás. Ni siquiera La Elección del Gobernadorcillo, comedia en prosa en cinco actos, ni la intitulada Mariang Makiling, en nueve actos, con que un personaje del Noli me tangere quería sustituir las comedias con "reyes de Bohemia y Granada", fueron impresas.
De los awits y corridos, Barrantes sólo pudo coleccionar unos 60, y estas composiciones tagalas son aún más corrientes y populares que las comedias. Tampoco se han impreso, a excepción de La India Elegante y el Negrito Amante de Balagtás, los sainetes o entremeses que, según el P. Ruiz mencionado, "merecen estudiarse y traducirse al castellano, y son de tanto interés para la Historia como los mismos corridos", porque versan sobre costumbres del País, y en ellos los caracteres están perfectamente descritos; ni tampoco ciertas piezas características como duplos, karagatan, arreglos dramáticos de la Pasión y las líricas, más o menos extensas, de que ya habíamos hablado en otros trabajos, y que, por no pecar de prolijos, nos limitamos a indicar.
Esta ligera reseña de los monumentos literarios prueba que la evolución de la lengua tagala había sido constante y paralelamente sostenida, con hermanable alianza lingüística, por españoles y filipinos, y que, cuando se dio a la luz el Florante, la lengua estaba, como dijo el Dr. Rizal, en todo su apogeo y magnificencia.
RASGOS BIOGRÁFICOS
Nació Francisco Balagtás en el barrio de Pan~ginay, del Municipio de Bigaa, Provincia de Bulacán, el día 2 de Abril de 1788. Sus padres fueron Juan Balagtás y Juana de la Cruz, naturales del mismo barrio. Su padre era de oficio herrero, y tuvo por hijos a Felipe, Concha, Nicolasa y Francisco. A los 11 años de edad, 1799, pasó al servicio de un acaudalado por nombre Trinidad, en Tondo, Manila, para que, a cambio de ciertas prestaciones personales domésticas, el amo se encargase de instruirle y darle educación, como era de costumbre. Consta en los archivos del Colegio de San José que cursó en 1812, a los 24 años de edad, Cánones; lo que hace suponer que sabría algo de Humanidades, Teología y Filosofía. Era la época de los grandes ergotistas.
No se saben a punto fijo sus otros estudios académicos. Pero es averiguado que, todavía en los escaños de San Juan de Letrán, era ya persona necesaria para sus camaradas y para la sociedad de Tondo, por su habilidad métrica. Para las cartas amorosas, billetes de invitación de todo género, los renglones cortos y muy historiados eran como las palomas mensajeras del lacrimae rerum de la época. Era, pues, todo un ladino a quien daban cierto prestigio sus rudimentos de Derecho Romano y cierta práctica que había adquirido en los tribunales de justicia. Aunque no anduviese sobrado de dineros, viviría entonces con cierto ensanche y desahogo.
Tuvo por profesor al célebre Dr. Mariano Pilápil, que a su fama de brillante latinista unía el de ser autor de varios opúsculos religiosos en tagalo: era el censor eclesiástico que autorizó la publicación de la popular Pasión en 1814. Enamoróse primeramente de una llamada Lucena, preciosilla muchacha del distrito de Gagalan~gín, Tondo; y luego, de otra apodada Bianang, no menos preciosilla, según fama, del barrio de su residencia, en Tondo.
Hacía sombra, sin embargo, el que pasaba por rey de los poetas entonces, Joseng-Sisiw (José, el del Pollo), porque, si no era como el enfermo de Rute que se comía los pollos piando, tenía la maldita costumbre de hacerse pagar con sendos pollos sus correcciones rítmicas, y Balagtás, manso y dilecto discípulo suyo y hermano en las musas, se las tuvo tiesas con él cierta vez, negándose a dar la subvención de costumbre, y, ¡claro!, rompieron, con dichoso rompimiento, porque desde entonces Balagtás quiso correrlas poéticamente por riesgo y cuenta propia.