Era un rápsoda que se movía incansable de una provincia a otra, viéndose en sus recaladas siempre sitiado por los poetas, y derramando a manos llenas humorismo picante y la sal de sus ocurrencias. En Bulacán tuvo por amigos a grandes tagalistas de la provincia, centro del tagalismo entonces y academia viviente refrenadora de los ímpetus y demasías de los poetas salidos de seso. En los anatemas contra el hiperbolismo y escasa propiedad de los poetas de entonces, no era Balagtás de los que se mordían la lengua, y se desataba humorísticamente, con gracia tagala, contra los malos poetas: "Hindî lan~git ang catapat n~g pusalì cundî batalan", aguda sátira que más de una vez solía aplicar a aquellos poetas tagalos que hacían pasar por proverbio ang catapat n~g pusalì ay lan~git, con que indicaban que un poeta, sin ser un Paris, sino un adefesio y hasta carituerto, podía hacer pendant, y casarse con la mayor naturalidad del mundo, con una Helena o con la misma Dulcinea del Toboso, real y practicable.

He aquí otra anécdota que retrata gráficamente a nuestro poeta en lo más fulminante de sus improvisaciones: "El bueno de Quicong Balagtás (decíanos un día el más grave y docto de nuestros jurisconsultos, que conoció al poeta en Trozo, Tondo), vestía a la usanza de la tierra: camisa chinesca; del cuello de la camisa pendía un cordoncillo que lucía por dije un palito hecho de cuerno de caraballa. Era mascador aguerrido del aromático betel. Tenía los dientes grandes y ralos, y, mientras ruidosamente improvisaba estancias, esgrimía su estoque de cuerno, dándose bruscas lanzadas en las rendijillas de los dientes, y, a la par que las divinas estrofas, sus labios, como Taal en erupción, iban lanzando al espacio granos de bonga embermellenados con betel y cal".

Del carácter íntimo del hombre nada se sabe: parece optimista por las pruebas exteriores. Sus héroes, en el último trance, suelen parar en bien. Pero en la soledad, y cuando su ingenio no era provocado, ¿sería también el mismo hombre humorista, o un contemplativo profundamente serio y sincero, en diálogo continuo consigo mismo y con los seres que le bullían en la imaginación y esperaban que él les infundiera el soplo de vida?

Hombres como Balagtás no son de los clasificables en ningún servicio civil. Tienen dentro un fuego devorador que les mata, pero que carece de humo y aparato de alarma. Ciertos sucesos de la vida del poeta, como sus dos encarcelamientos; su exhibicionista carrera aparentemente triunfal por las tablas y su posición social misma, inferior a su talento, con las humillaciones inherentes, debieron dar rudos golpes a su orgullo, y mortificarle con una intensidad digna de él, que conocía como nadie el ridículo y la ironía en las cosas. ¿Para qué entonces sería el genio si valiera más no tenerlo? Acaso por consideraciones semejantes es porque, a las puertas de la muerte, confió a su mujer este desahogo de su corazón lacerado: "no permitas que nuestros hijos escriban nunca versos; córtales las manos si llegan a seguir mi ejemplo".

¡Míseros genios! No saben que su don es gratuito como la gracia divina, y que no depende ni de su voluntad ni de su carácter: tan preciosa dádiva tiene una misión que cumplir en la tierra, y la cumplirá fatalmente: es como el Samuel Beli-Beth de la Pasión Tagala y del Sa Martir n~g Golgota: inmortal en esta vida, pero condenado a errar por el mundo, y a llorar la destrucción de Jerusalén.


FLORANTE, NOLI, PRECURSORES Y
TRADUCTORES

La estructura del poema es una concesión a la moda de la época, pero reducidos los anacronismos a su mínima expresión. Florante hállase atado al tronco de una higuera de un bosque fantástico; en su imaginación se agolpan los sufrimientos de su patria, el cariño de su padre y su amor a Laura; dos leones llenos de saña se precipitan sobre él para devorarle, y Aladín, como un rayo, acuchilla y mata a las fieras. Florante y Aladín hacen muy buenas migas entonces, y se cuentas sus respectivas vidas, azarosa a cual más. Flérida, que busca a Aladín, sorprende a Adolfo, que trata de violar a Laura en el bosque, y le mata, indignada, de un saetazo. Florante y Aladín, atraídos por el rumor de las voces de Laura y Flérida, acuden prestos, y aquí de la agnición. Menandro, que acaba de restaurar el orden en Albania, insurreccionada por Adolfo para hacerse con la corona del rey Linceo, padre de Laura, y casarse con ésta, buscando a Adolfo, llega a recalar por ahí, y la alegría entonces no hay para qué decirla. Regresan, al fin, todos a Albania y los dos amantes, Florante y Laura, son proclamados soberanos del imperio y hacen feliz a su pueblo. Tal es el esqueleto del poema. Cómo el poeta lo revistió de carne y de formas hechiceras para que, desde su aparición, Balagtás fuera el poeta nacional, y proclamado así por los personajes del Noli y, de manera indirecta, por la heroina de Urbana y Felisa, lo iremos diciendo.

El hecho es que los párrocos españoles, cuya enemiga a los corridos es bien conocida, hacían excepción del Florante. El descontentadizo filólogo Fr. Toribio Minguella también hacía excepción del poema y decía que "hay allí rotundidez, limpieza de frase". Y cómo el calor del entusiasmo se comunicó a los catedráticos españoles de literatura, Adriático lo cuenta así: "Un ilustre catedrático de literatura en la Universidad de esta capital varias veces encargó a los más aventajados de sus discípulos la versión en castellano de esa notabilísima obra tagala, porque muchos curas de pueblos tagalos le habían ponderado las grandes bellezas literarias de la obra; pero, a pesar de muchos esfuerzos, no se consiguió ninguna traducción aceptable; porque desaparecía casi por completo el mérito intrínseco de la obra".