sa ilog Beata,t, Hilom na mababao
yaring aquing puso,i, laguing lumiligao.
Dejaba el poema a alguno de sus amigos, a Ventura, por ejemplo, y, al recogerlo, consignaba en su Dietario el hecho como digno de memoria. Si no tenía a mano su ejemplar, y usaba el del Dr. Pardo de Tavera, devolvíalo, acentuadas, de su puño y letra, las palabras del poema. Era preocupación constante suya la tirada de un edición especial del Florante con grabados, pero su muerte impidió la realización de tan filipinística obra.
En su viaje a América Rizal mismo cuenta esta anécdota de su vida: "En el vapor me encontré con una familia semifilipina, pues la señora y los hijos lo eran, hija de un inglés, Jackson. El hijo me preguntó si conocía a Richal, autor del 'Noli me tangere', dije sonriendo que sí, como Aladín, de Florante. Y como empezase a hablar bien de mí, me descubrí y dije que yo era el mismo, pues era imposible que no supieran mi nombre durante la travesía."
En España, teniendo a su lado a Pilar y otros compatriotas tagalos, dolíase de que sus compañeros le echasen a perder su tagalo, at nasisira sa m~ga caauaauang pananalitâ nang manga casama, y sentía nostalgia del tagalismo. Si tuviera, decía, su Florante, menos mal, pero "mi Florante pude dejar en Barcelona". Sus diversiones en Pansol son las mismas del Florante en el brañal, pampa, y su bosque de paz, que constituye una de las mejores páginas del poema, digna de Teócrito. Quien haya sentido inefable bienestar con la lectura de los versos del poema y la infinita dulzura de que era capaz la lengua tagala en la ofrenda a Celia, seguramente sería también capaz de sentir la emoción tiernísima que despierta este pasaje del Dr. Rizal: Magagandang ayos at pananamít na karaniwan niyang gamitin (habla de Loleng) ay totoong nababagay sa kulay na azul na may guhit na gintô.... Niyaong unang panahón n~g tayo'y namamayati, naliligò sa Pansol, Prinsa, nagpapasial, náinom n~g tubâ, o namamaklad, o napapasa Mainit.
Mas no sólo en las ya citadas obras del Dr. Rizal, sino en cada una de sus poesías nótanse reminiscencias, inconscientes por cierto, de los pasajes del poema, especialmente en A las Flores de Heidelberg, a las cuales confía su secreto de que
él también murmuraba
cantos de amor en su natal idioma;
Mi retiro, donde viéndose