Lanzado a una peña de la patria que adoro
le entristecen recuerdos de la adolescencia y lamenta los males que turban la paz de su patria, y sobre todo la última poesía, el Ultimo Adiós, donde resume sus dolores y los de su patria, y, con todo, una tolerancia sin límites, un hálito de perdón, una infinita misericordia, se ciernen sobre todas las angustias, humedeciéndolas con lágrimas, que no sólo recuerdan la lengua en que se escribió el Florante y traen reminiscencias de la bellísima ofrenda A Celia y del sentidísimo soliloquio del hijo del duque Briseo, cuando se hallaba atado al tronco del árbol de marras, sino que, en cierto modo, consagran todo el poema para siempre.
Nada debe interpretarse en lo dicho como que sugiera atisbos de plagio en el Dr. Rizal. Nadie es menos capaz de tal calamidad literaria que el Dr. Rizal, la sinceridad por antonomasia. Todo es lógico, necesario, y, ¿por qué no decir providencial? Si el poema es la concreción del genio de la raza y maravilloso condensador de su modo de ser y de sus supremos anhelos, natural es que el carácter, prototipo de la raza, reuna en sí, aparte sus ingénitas cualidades individuales, los rasgos más característicos de su noble estirpe, y que en la lucha haga bizarro alarde de los rasgos fisionómicos de su familia y de sus gloriosos timbres.
El Florante y el Noli serán siempre las dos obras capitales de la raza; la primera, como obra serena en tiempos de paz, épica y filosófica a la vez, con relámpagos líricos y dramáticos y presagios de tempestad próxima; la segunda, como obra de transición y de batalla, y, por lo mismo, dramática por excelencia; la primera brillará siempre, tal vez, sin consideración al carácter del genio que la creó; pero la segunda, brillará y culminará precisamente por consideración al carácter puro y heroico de su autor; Florante será siempre clásico por la lengua, y popular, y su espíritu, el genio tutelar del hogar; pero Rizal, en quien ese espíritu y los rasgos característicos de su raza se encarnaron, será todavía más: ídolo y compendio de los dolores y anhelos de la raza: porque fortificó y consagró nuestra solidaridad nacional. Así la cadena de amor y siemprevivas de la gratitud nacional, constantemente renovadas sobre su tumba, serán perennes como las rosas eternas de la leyenda sobre la tumba de Tristán e Iseo.
Poesía como la de Balagtás es intraducible a otro idioma. Y así, los que siguieron el ejemplo del Dr. Rizal, los llamados precursores, y, en parte, los políticos de la presente generación, que al mismo tiempo son literatos conocedores del tagalo, airearon sus citas en la propia lengua de Balagtás. Rizal en primer lugar, que sólo hace una excepción: en el padre de Ibarra. Y ésto por ser español D. Pedro Eibarramendia, y aconsejar en castellano a su hijo. Y como Rizal, Marcelo H. del Pilar y Emilio Jacinto. Los versos más citados por los políticos son naturalmente los que reflejan noble indignación por los males de la patria, execran a los tiranos y predican la tolerancia religiosa y política, la moderación y la templanza en los actos del hombre.
Marcelo H. del Pilar, para confirmar su aseveración de que la sinceridad para con el pueblo es siempre vilipendiada, y el halago hipócrita, sahumado, dice: Talagang ganito ang nagtatapat sa bayan: siyang alimura.
at sa balang sucab na may asal hayop
magan~gong incienso ang isinusuob
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(y a cada tartufo de bestial carácter
se sahuma con aromático pebete).