Diana, diosa hija de Júpiter y Latona, aficionada a la caza, modelo de hermosura, y tiene control sobre las ninfas.

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Houríes, doncellas hermosísimas del Paraíso creado por el profeta Mahoma de los moros, prometidas por él para dar la felicidad a los que de todo corazón creían en su errónea secta.

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En un oscuro y solitario bosque, donde el espinoso bejuco no dejaba espacio, y donde era difícil a los rayos del sol visitar el interior enmarañadísimo.

Grandes árboles ofrecían sólo aflicción, tristeza y melancolía: el canto de los pájaros era un canto fúnebre, hasta para los corazones más bulliciosos y alegres.

Todas las enredaderas que se enroscaban en las ramas de los árboles, estaban cubiertas de espinas; la fruta era velluda, y el bosque producía enfermedad a cualquiera que lo atravesaba de cerca.

Las flores de los enhiestos árboles tenían todas el color negro, a guisa de adorno en el labio de las hojas, y su olor producía vértigos, como esos olores de fuerza sorprendente (Ensayo de Gramática Hispano-Tagala. Manila, 1878, pág. 288).