40.

¿No juraste delante del cielo

que no serías desleal a mi amor?

¡Y yo que confié este pecho,

sin barruntar que a esto pararía!

41.

Creí que tu belleza,

pedazo de cielo, era inquebrantable,

fiel tu corazón, sin recelar

que la infidelidad moraba en la hermosura.