tus dos ojos destilaban perlas?

44.

Cuando a mi plumaje atabas

con tus dedos de coral,

tus ansias iban y venían

con las oscilaciones del oro de hilar.

45.

¡Cuántas veces, Laura, me entregaste,

todavía mojada en lágrimas, la banda que usaría,

y la dabas acongojadísima,