71.
Luego alzó la vista y clavó los ojos
en la copa del árbol, tapia del cielo;
parecía estatua muda de pie,
sin pausa en los suspiros.
72.
Cansado en tal guisa,
se sentó en el tronco de un árbol,
y habló, "¡Oh suerte!", lanzando al mismo tiempo
de los ojos lágrimas como saetas.