Si lo que inunda sin cesar

mis ojos, fuera echar de menos

las caricias de mi padre y su amparo,

grande sería mi suerte y harto apetecible.

102.

Mas la estancada escasa agua,

que suele regar mi rostro y pecho,

procede, cierto, de mi padre, pero de su crueldad,

no de su amparo y patrocinio.

103.