Tras breve silencio, volvió a oir
los quejidos del amarrado,
que decía: ¡Ay, Laura, alegría de mis deseos,
adiós te doy desde el seno del infortunio!
106.
Sea para tí toda bienandanza,
en presencia del que no es tu prometido esposo,
y no te despeñes por la vía donde se despeñó
tu amante olvidado y burlado.
107.