caed, gotas de mi sangre, a porfía.

125.

Hecha paz con el dolor

por este olvido de mi adorado tormento;

llórese, no por mi vida,

sino por el amor harto malogrado.

126.

Por estas angustias que consternan,

no pudo reprimir el guerrero su compasión;

corrió tras las voces y las buscó,