e iba a adormecérsele, de compasión, la sangre,

no fuera por los bravos leones que amenazaban de pie.

131.

Hostigados por el hambre y la maña devoradora,

cobraron saña, inmisericordia,

prestos los dientes y las garras recién afiladas,

para, a una, dar al maniatado el zarpazo.

132.

El pelo erizaron,

irguieron la cola que infundía terror