no hubo tajo que no hiciera carne
del cortante y probadísimo acero.
135.
Cuando esgrimía la diestra mortífera,
y con la izquierda paraba los golpes,
los briosos leones perdían el tino,
que, instantes después, yacían cadáveres.
136.
no hubo tajo que no hiciera carne
del cortante y probadísimo acero.
135.
Cuando esgrimía la diestra mortífera,
y con la izquierda paraba los golpes,
los briosos leones perdían el tino,
que, instantes después, yacían cadáveres.
136.