Cuando triunfó el buen guerrero

de sus enemigos, las bestias feroces,

con lágrimas en los ojos desató las ligaduras

del infelicísimo que tenía perdido el conocimiento.

137.

Poseído de conmiseración el ánimo

cuando vio la sangre brotar de los estigmas,

perdió la paciencia al querer desatar rápidamente

las enmarañadas espiras de la cuerda.

138.