Colocóse, pues, al lado

del fofo cuerpo, cual fresco cadáver,

y de un tajo cortó con la espada

la cuerda impía de probada resistencia.

139.

Se sentó y puso en su regazo, desesperándose,

el cuerpo, que de agobio se le fue el aliento;

pasó las manos por el rostro y pulsó el pecho,

que su deseo fue que recobrase el conocimiento.