146.

Cuando volvió a abrir los ojos llenóse de pavor,

¿cómo? ¡suerte impía! ¡en manos del moro!

Quiso hurtar el cuerpo blandujo,

y, cuando no lo consiguió, rechinó sólo los dientes.

147.

Contestó el guerrero que no cobrase miedo:

Serénate y divierte el ánimo;

hoy libre estás de todo daño,

te ampara quien te sostiene en sus brazos.