Víctima de una malhadada institucion que si aun existe es porque responde todavía á ciertas ya moribundas exigencias de los tiempos, la historia de aquel esclavo es una prolongada nota de agonía, un poema de dolor y lágrimas. Nunca llegó á la altura popular de Plácido; pero la relacion de su vida no es ménos interesante: es, sí, más dolorosa; Plácido es una súbita ráfaga de muerte, un drama de sangre; Manzano es una larga série de padecimientos ocultos, de sollozos ahogados en misterioso silencio. La historia de Plácido conmueve é indigna, la de Manzano enternece y hace llorar.
Desde luego no puede ménos de admirar el hecho de un esclavo oscuro, para cuyo talento no fué rémora la más miserable de las condiciones, y que gracias á su solo ingenio hace sonar su nombre en lenguas y naciones extranjeras. ¿Qué habria sido se pregunta uno naturalmente, si hubiera nacido libre y con proporciones?
—Nada ó muy poco, contestará quizá alguno, porque la pólvora necesita la presion para estallar, y solo el lamentarse de su suerte presenta á un esclavo fecundo y no esplotado campo de poesía elegiaca. Pero he ahí justamente en lo que erraría el que así pensara, porque Manzano nunca empleó su musa en llorar su condicion; es verdad que todas sus poesías están impregnadas en mística melancolía, es verdad que en cada verso parece oirse el ay desgarrador del siervo indefenso; pero jamás una imprecacion, jamás un arranque de ira en quien tenia más que otro alguno derecho á maldecir.
Para considerar en su justo valor la situacion de Manzano, es preciso trasladarse á su época, en la cual, aunque precedente inmediata de la nuestra, eran mucho mayores las preocupaciones y mucho menor la conmiseracion hácia esa raza: el hombre de color aun libre no podia hablar al blanco más humilde sino con el sombrero en la mano y con tratamiento de su merced: no existia esa luz que solo de hace poco ilumina nuestra conciencia en ese oscurísimo punto que hemos dado en llamar institucion social.
Trasladado uno á esos primeros dias de nuestro protagonista, se pregunta con asombro ¿cómo pudo ilustrarse? ¿cómo aprendió siquiera á leer? Hé aquí lo que van á revelarnos sus Apuntes autobiográficos, modelo de sencillez en el estilo narrativo que vamos á dar á conocer. Consérvanse estos en manuscrito autógrafo en la biblioteca del Sr. Delmonte, y aunque traducidos al inglés por Richard Maddens (Lóndres 1840)[20] el original castellano ha permanecido inédito. Nosotros hemos leido sin poder contener el llanto esas páginas de amargura, hemos devorado con el corazon oprimido de angustia ese poema de ignorados dolores. Su publicacion seria el mayor de los anatemas lanzados contra una institucion social, pero abominable, admitida aunque inadmisible. No ha llegado empero la hora de su publicacion; aparte la ofensa que se infiriera á ciertas susceptibilidades (que acaso deploran culpas de sus abuelos) debemos recordar que la libertad concedida á la prensa esceptúa lo relativo á la esclavitud. Comprendemos los motivos de esa exclusion, sabemos lo inconveniente que seria ventilar hoy con libertad cuestion de tal trascendencia que ha de resolverse con mesura y precauciones; mas deseando dar á conocer en todas sus faces la vida de nuestro poeta, tomarémos de sus Apuntes lo necesario para nuestra biografía.
Manzano no nació, como dice Cuba Poética, «en las haciendas de sus señores» ni fué libertado «por varios matanceros»[21]: con mejores datos aseguramos que vió la luz en la Habana, Agosto de 1804, casa contigua á la Machina, de los marqueses Juztiz de Santa Ana, de quienes nació esclavo (esto es D. Juan Manzano y Doña Beatriz Juztiz de Santa Ana.) Fué su madre la negra María del Pilar Manzano, que traida del ingenio llegó á ser una de las criadas de distincion de la dicha marquesa; y su padre Toribio Castro, mulato, quedando al nacido, como es costumbre el apellido de los amos. «Saliendo yo á luz el año de......... dice la Autobiografía, y aunque no da fecha, la hemos deducido por advertir más adelante que, con diferencia de dias, fué contemporáneo de D. Nicolás de Cárdenas y Manzano, uno de sus señores.
Los primeros años del poeta fueron felices; apacible aurora que precedió á un dia de tinieblas; su madre era la criada favorita de la dicha marquesa, quien llamaba al reciennacido el niño de su vejez, y éste á su vez la llamaba mamá. Cuenta la Autobiografía que en el mismo faldellin de la señora Doña Beatriz fué envuelto para su bautismo, del cual recuerda...... «que se celebró[22] con arpa que tocaba mi padre por música, con clarinete y flauta, y que mi señora quiso marcar este dia con uno de sus rasgos de generosidad, coartando á mis padres en trescientos pesos. Yo debí ser más feliz, pero......»
Es preciso notar aquí con cuánto agradecimiento, con qué candorosa sinceridad habla el autobiográfico de estos primeros años, refiriendo los menores detalles relativos á sus amos, y á la educacion cariñosa, aunque no por eso mejor dirijida, que se le dió; es verdad que no se pensaba en formar un poeta, ni nadie habia adivinado al genio: siendo esclavo raro es que se le permitiera aprender á leer.
«A los seis años, dice, por demasiado vivo me mandaron á la escuela en casa de mi madrina de bautismo Trinidad de Zayas; á las doce y por la tarde me traian para que la señora me viera. De diez años daba de memoria los más largos sermones de Fray Luis de Granada, sabia tambien todo el Catecismo, y cuanto puede enseñar de religion una mujer, é infinidad de relaciones, loas, entremeses; cosia regular y conocia la colocacion de las piezas: de esa edad me pusieron á pupilo, con mis padrinos, llevando ya las primeras lecciones de sastre por mi padre.»
Entónces viajaba la señora Marquesa con frecuencia á su hacienda El Molino situada en tierras de Matanzas; en uno de estos viajes enfermó y murió en la dicha finca, y esto fué para el poeta, entónces de once años el crepúsculo nebuloso que anunció la série de sinsabores apuradas durante el resto de su vida; pero no podemos ménos de copiar la hermosa pincelada con que describe la muerte de la buena marquesa, su protectora.