Una vez liberto se dedicó al poco lucrativo oficio de cocinero y arrastró una vida si no tan azarosa, sí oscura y miserable hasta el año de 1854 en que acaeció su muerte. No llegó á la ancianidad; ¡ay! ni podia ser de otro modo. ¿Cómo habia de vivir mucho la mansísima víctima á quien nadie valia, que no podia enumerar los increibles trabajos de su vida, cuyo corazon estaba enfermo á fuerza de tanto sufrir, y cuyos gemidos ningun amigo oia, ninguna madre consolaba? Como lo habia predicho, el mal trato abrevió los dias de su miserable existencia.
Por 1837 colaboró en El Album de Caso y Sola, que ya pertenecia á Palma, en El Aguinaldo habanero, en La Moda ó Recreo de las Damas[43] y algun otro literario; hay una poesía suya en la Corona fúnebre al Presbítero D. Manuel de Lara, 1842. Sus obras constan principalmente de composiciones líricas entre las que despuntan el citado soneto, El cocuyo, Ilusiones, su oda A la Luna que dedicó al señor Bachiller y Morales, El Reloj adelantado, A Matanzas, tras larga ausencia, Un sueño, á mi segundo hermano, con las cuales y otras se formó una coleccion en 1841; un drama, Zafira, en cinco actos, en verso, á la aparicion del cual saludaron al autor en sentidos versos los poetas Velez Herrera, Matamoros, Valdés, &.ª[44], además sus Apuntes autobiográficos[45] de que hemos estractado, sin olvidar sus candorosas cartas á Delmonte 1834 y 35 que lo mismo que aquellos pueden considerarse como pintura fiel de la servidumbre.
Cosa rara é inesplicable es para muchos que sus mejores poesías las escribió miéntras gemia bajo el ominoso yugo de la esclavitud, y que al respirar el aire de la libertad, contra lo que debia suceder, pareció oscurecerse su talento. Despues de esa obra maestra Mis treinta años, hecha cuando esclavo lo mismo que El Cocuyo, nada escribió que le igualara y esto naturalmente amenguó el entusiasmo con que se leyeron sus primeros cantos en los círculos literarios, como que no podian considerarse sino chispas del genio en un hombre de condiciones tan desfavorables, desposeido de medios, sin libros, sin maestros, sin estimulo, sin porvenir en fin. Mas para nosotros esto nada tiene de estraño. Manzano esclavo, tenia quien lo mantuviera, y, aunque en el oprobio, no tenia que ocuparse de la subsistencia: como trabajaba para otro debia hacerlo con desgana, cercenando de sus ocupaciones todos los ratos que podia para dedicarlos á las letras: la suscricion filantrópica que lo manumitió no le dió una posicion social, teniendo entónces que trabajar para sostenerse y alimentar á su familia. Entónces y con 31 años y enfermo y decaido, de golpe se abre el ancho mundo ante sus ojos y conoce que aparte su infelicidad, todo lo ignoraba. ¿No era sobrado motivo para desmayar?
Otro tanto sucedió con el poeta Echemendia, de Cienfuegos, que nacido esclavo, corrió igual suerte que Manzano: nos congratulamos empero que Cuba, ya que no ha podido hasta ahora resolver el más complicado de sus problemas sociales, se haya apresurado al menos á redimir á las inteligencias que nacieron en la raza desgraciada. Haga lo mismo con todos los que despunten, que es muy doloroso el cuadro del talento encadenado; y si, como en Manzano y en Echemendia, el liberto no pareciere corresponder al sacrificio, enhorabuena perdamos un poeta á trueque de hacer un hombre de quien lo merece.
MIS TREINTA AÑOS.
Cuando miro el espacio que he corrido
Desde la cuna hasta el presente dia
Tiemblo y saludo á la fortuna mia
Más de terror que de atencion movido
Sorpréndeme la lucha que he podido
Sostener contra suerte tan impía,
Si tal llamarse puede la porfía
De mi infelice sér al mal nacido
Treinta años ha que conocí la tierra,
Treinta años ha que en gemidor estado
Triste infortunio por do quier me asalta,
Mas nada es para mí la cruda guerra
Que en vano suspirar he soportado
Si la comparo ¡oh Dios! con lo que falta.
PARALELO ENTRE PLACIDO Y MANZANO
Por D. Domingo Delmonte.
Plácido nunca fué esclavo; nació libre: era hijo de blanca y de mulato, y por supuesto su color era casi blanco. No tuvo por lo mismo que luchar en su vida, como Manzano que era casi negro, como hijo de negra y de mulato, y esclavo de nacimiento, con los obstáculos insuperables de su condicion y su color, para desarrollar las dotes naturales de su imaginacion, que era realmente poética. Logró más instruccion literaria que Manzano, y en sus versos, por lo comun rotundos y armoniosos, no se encuentran las incorrecciones gramaticales y las faltas de prosodia que en las muy sentidas y melancólicas del pobre esclavo. Plácido se complacia en cantar las pompas y los triunfos de los grandes de la tierra con una magnilocuencia digna de los poetas clásicos de España: Manzano no sabe repetir en su lira otro tema que el de las angustias de una vida azarosa y llena de peripecias terribles; pero yo prefiero los cantos tristes del esclavo á los del mulato libre, porque noto más profundo sentimiento de humanidad en los primeros, porque brillan por su frescura y originalidad nativas, porque los principios de mi estética y de mi filosofía se avienen más con el lamento arrancado del corazon del oprimido que con el concierto estrepitoso de un poeta, de quien con razon decia nuestro estóico y malogrado Milanés en 1838:
Y ¿qué es mirar á este vate
Ser escabel del magnate
Cuando el festin,
Cantar sin rubor ni seso
Y disputar algun hueso
Con el mastin?