En este mismo tiempo sucedió para mayor descrédito de nuestras armas, que los Turcos acometieron la Isla del Jio, que estaba á cargo de Roger y los suyos, y casi toda ella la tomaron, sino fueron algunos que se pudieron retirar á la fortaleza en cuarenta barcos que pudieron juntar, y estos tambien se perdieron lastimosamente rotos y deshechos de una furiosa tormenta junto á la Isla de Sciro. Con esta pérdida los ánimos de los unos y de los otros se fueron irritando. Los Griegos porque les pareció que los Catalanes, ya que les molestaban tanto con las ordinarias contribuciones, no fuesen bastantes para defenderles del rigor y sujecion de los infieles; los Catalanes tambien atribuyeron esta perdida á la dilacion de Andronico, en no cumplirles lo que tantas veces se les habia ofrecido, y que si se les pagara con tiempo, pudieran ellos acudir á su obligacion, y defender lo que estaba á su cargo; la falta de dinero les obligó á que con mayor desorden le fuesen á buscar por todos los lugares de Thracia.
CAPITULO XXV.
Concluyese el trato de pasar al Oriente, y Roger recibe las insignias de
César, y dinero.
A los oidos de los Emperadores Andronico y Miguel llegó lo que Roger públicamente dijo; y ofendidos gravemente, quisieron con el ejército que tenian junto en Andrinopoli acometer el de los Catalanes, pero Andronico á persuasion de Azan cuñado de Roger; á quien poco antes habia dado la dignidad de Panipersebastor, mandó á su hijo que no lo ejecutase, esperando siempre por medio de su sobrino reducir á Roger, á quien Azan escribió la justa indignacion del Emperador, y que la mayor disculpa que podria dar seria pasar el ejército en Asia, y comenzar la guerra. Respondió Roger á su cuñado, y al Emperador en la misma conformidad y escribió: que la necesidad le habia obligado á dar de palabra satisfacion á todo el ejército, porque si no lo hiciera, se acabáran de confirmar en sus sospechas, y que sin duda le matáran: que él siempre seria fiel y reconocido á las muchas honras y mercedes que de su mano habia recibido, y que si de lengua le habia ofendido fué, porque los Catalanes no le ofendieran con efecto, tomando por cabeza otro Capitan que libremente les dejara ejecutar su ímpetu; que se sirviese de socorrerles con algo, porque de otra manera no se atrevia á reducirlos, porque él apenas tenía mil hombres que le obedeciesen. Con esta carta el Emperador volvió á mandar á su hijo que no les ofendiese, pero que impidiese sus correrias.
Azan que deseaba conservar á su cuñado Roger, persuadió al Emperador que le volviese á enviarlo que Teodoro Chuno poco antes le llevaba, y que con esto pasaria á la Asia, y así el Emperador le envió las insignias de César, y el dia de la resurrecion de Lázaro, fué vestido y aclamado por César, y se le dieron treinta y tres mil escudos, y cien mil modios de trigo, pero resueltamente le mandó el Emperador que despidiese toda la gente, solo se quedase con mil hombres. Roger mostró con aparente demostraciones que obedecia, pero con secreto disponia sus consejos para cualquier acontecimiento. Envió á Berenguer de Entenza parte de su gente que ya estaba declarado por rebelde y enemigo del Imperio; la otra envió á Cizico Metellin donde ya habia guarnicion de Catalanes. Recogió, á más del trigo que el Emperador le daba, otra mayor cantidad de la que los Catalanes recogieron de las contribuciones.
CAPITULO XXVI.
Partese Roger á verse con Miguel Paleólogo, contradicelo María su mujer, y los demás Capitanes.
En este tiempo que los Catalanes andaban llenos de tantos temores y esperanzas, ya Andronico y Miguel trazaban de que manera podian hacer un castigo señalado en ellos, y castigar con sumo rigor su atrevimiento; que aunque esto claramente no lo dicen los Historiadores Griegos, el efecto lo publicó, y descubrió su alevosia. La desdichada suerte de Roger abrió el camino para que esto se ejecutase, con gran seguridad de los Griegos, y notable pérdida nuestra. Llegóse el tiempo de la partida de Grecia para proseguir la guerra, y Roger determinó de ir á verse con Miguel Paleólogo para darle razon de lo que se habia tratado con su padre en materia de la guerra, y pedirle dinero, como Nicephoro dice. Pero María mujer de Roger, y su madre y hermanos, que como ladrones de casa conocían bien la condicion de los suyos, sentian muy mal de esta ida, y María, como á quien más le importaba, advirtió á su marido en secreto que no se fuese, ni se pusiese voluntariamente en las manos de Miguel, y que no ofreciese la ocasion á quien con tanto cuidado la buscaba; que advirtiese cuán huérfana quedaba ella, cuán desamparados los suyos si faltase su gobierno; que no fiase tanto de su ánimo; que no diese crédito á sus palabras, nacidas no solo de su cuidado pero de ciertas y seguras señales que tenia de que Miguel Paleólogo procuraba su ruina. Todas estas razones acompañadas con lágrimas y ruegos dijo María á su marido Reger, porque como Griega, y persona tan íntima de la casa del Príncipe, aunque se recelaba de ella porque no descubriese sus trazas, como todo este recto llegaban á su noticia muchas, que como mujer cuerda y cuidadosa de la vida del marido pudo advertir, y descubrir algo de lo que se maquinaba contra él. Hizo poco caso Roger de sus consejos, y ella cuanto menos recelo descubria en el marido, tanto más crecia su cuidado, y procuraba intentar algunos medios para persuadirle; y el que debiera ser más eficaz, fué llamar á los capitanes más principales del ejército, y descubrióles sus justas sospechas, para que pidiesen á Roger que suspendiese su ida de Andrinopoli para visitar á Miguel Paleólogo. Al fin todos los Capitanes juntos á instancia de María, cuyas sospechas no les parecian vanas, fueron á Roger, y le pidieron que dejase, ó si quiera, difiriese la jornada hasta estar más asegurado y satisfecho del animo de Miguel. Respondióles resueltamente que por ningun temor que le pusiesen delante dejaria de hacer su viage, y cumplir con obligacion tan forzosa como visitar á Miguel, y quien debia el mismo respecto que al Emperador su padre; que si antes de partir de Grecia para la jornada de Asia no se le daba razon de todos sus consejos y determinaciones, era darle ocasion desavenirse con ellos, cosa de grande incoveniente para la conservacion de todos ellos, que los recelos de María su mujer nacian del amor y temor de perderle, y que pues eran sin otro fundamento no era justo que le detuviese.
Llamado Roger de su fatal destino, ni advirtió su peligro, ni advertido lo temió. Muchas veces por mas avisos que un hombre tenga no puede escapar de la muerte y fines desastrados; aunque Dios nos advierte con señales manifiestos y claros, puede tener una loca confianza que nos quita el discurso para que no veamos los peligros donde está determinado nuestro fin y castigo. En este caso de Roger, ni su buen discurso, ni el conocimiento grande de la naturaleza de los Griegos, ni los avisos de su mujer, ni los ruegos de los suyos, pudieron detenerle para que voluntariamente no se entregáse á la muerte. Resuelto ya de partirse, María su mujer con todos los de su casa no quiso quedarse en Galípoli, porque como tenía por cierta nuestra perdicion, no le pareció aventurarse, pues la obligacion de asistir en Gailipoli faltaba con ausentarse su marido. Mandó Roger que Fernando Aones con cuatro galeras la llevase á Constantinopla, y él con trescientos caballos, y mil infantes, dejando en su lugar á Berenguer de Entenza. Caminó la vuelta de Andrinopoli; dicha por otro nombre Orestiade, Ciudad principal de Thracia, y Corte de muchos Emperadores y Reyes, y que entónces lo era de Miguel, Zurita quiera que Andrinopoli y Orestiade sean lugares diversos, porque no llegó á su noticia que esta Ciudad tenia entrambos nombres, Nicephoro la llamó Orestiade con el nombre mas antiguo, y Montaner Andrinopoli, que fué el mas moderno; y el que entónces le daban los Griegos, y el que hoy conserva con poca diferencia.
Supo el Emperador Miguel á 22, de Abril como el César Roger venia, porque Azan su cuñado se lo hizo saber. Alteróse extrañamente Miguel de esta venida, y con un caballero de su casa le envió á preguntar, una jornada antes que llegase, si el Emperador su padre se lo habia mandado ó el movido de su sola voluntad. Respndió el César con palabras llenas de humildad que solo iba para darle obediencia, y mostrar la servitud que le debia, y juntamente para conferir con él el viaje que habia de hacer al Oriente. Con esta respuesta se sosegó Miguel, y mostró que gustaba de su venida. Envió luegó á recibirle con la benignidad y cortesía que convenia. Era Miércoles de la segunda semana de la Pascua que llaman de Santo Thomás. Vióse aquella misma noche con el Emperador, de quien fué recibido y acariciado con grandes demostraciones de amor.