El emperador Andronico temiendo que Roger descubiertamente no tomase las armas contra él, y siguiese la voluntad de los Catalanes, ofendidos del engaño que hubo en las monedad de sus pagas, quiso que el Príncipe Maruli general de los Romeos que militaban con Roger en el Oriente, fuese de su parte á traerle á Constantinopla, y le asegurase de su voluntad, que siempre habia sido de hacerle merced, y engrandecerle, y juntamente le ordenó que dijese á su hermana Irene que se viniese con él, por parecerle que tendría autoridad con el hierno para persuadirle lo que importase. Llegó con esta embajada Maruli á Galípoli, y Roger claramente le respondió que no pensaba salir de Galípoli sin hacerse más sospechoso á los suyos con asistir en Constantinopla. Irene tambien se escusó por la falte de salud, que no le daba lugar de ponerse en camino. Con esto Maruli volvió á Constantinopla, y desengañó al emperador, que si no pagaba el ejército por entero no habia de tratar de conciertos. Con todo este desengaño porfió segunda vez por medio de su hermana, á persuadirle que pasase al Oriente con algun socorro que le enviaria, porque Philadelphia estaba en mayor aprieto que el año antes, y que la necesidad que padecían no perdonaba aún á los muertos. Bien quisiera Roger obedecer al Emperador, pero los soldados estaban más irritados que nunca, y si Roger entónces mostrára gusto de dársele al Emperador peligrára su autoridad y vida.
En este tiempo Berenguer de Entenza, viendo que todo estaba lleno de sospechas y miedos, y que los Griegos le miraban como Catalan, y los Catalanes entraban en desconfianza de su fé, porque estaba cabe el Emperador en lugar tan supremo, y que aquello no podia ser sino estando de su parte, aprobando lo mal que el Emperador lo hacia con ellos; finalmente estando ya las cosas de los Catalanes, y Andronico, en términos que no se podia estar neutral, ni ser medianero entre estas diferencia sin gran riesgo de perderlos á todos, Berenguer se resolvió de acudir á su primera obligacion, y preferir á su particular acrecentamiento el público honor y estimacion de la nacion, que estaba cerca de perderse. Pidió licencia á Andronico para volverse á Galípoli, y aunque el Emperador con ruegos y dádivas le procuró detener, no dejó de embarcarse en dos galeras que tenia al puerto de Blanquernas por la puerta del Emperador, y dice Pachimerio, que se embarcó con el semblante triste, y que mostraba el combate de pensamientos que llevaba. De la galera volvió á enviar al Emperador treinta vasos de oro y plata que le habia dado, y añade el mismo autor, que las insignias de la dignidad de Megaduque las arrojó en el mar, mostrando que desde entonces renunciaba la amistad del Imperio. Esta accion que en los Griegos se condena por muy infame y vil, fué la más digna de alabanza que este gran caballero hizo en el Oriente, porque ni las honras ni los cargos no le pudieron apartar de lo justo; ejemplo grande para los que quieren introducirse con daño del bien público, y reputacion de la patria, como á muchos acontece, que olvidados de lo que deben á su sangre y á su naturaleza, la dejan maltratar por pequeños intereses, que las más veces de las veces de ellos no les queda sino solo la infamia por premio de su ruindad.
Estando ya para partirse Berenguer, el Emperador le envió á llamar muchas veces, sin que pudiese creer que Berenguer le dejaria. Ofreciéronle al Emperador ciertos hombres de Malvasia de acometer las dos galeras de Berenguer, y vengar la poca estimacion que hacia de su amistad, y juntamente cobrar ellos una galera, que tenian á partido en servicio de Berenguer, pero el Emperador no permitió que se ejecutase, porque pensó reducirle. Aquella noche Berenguer se hizo á la vela, y se vino á Galípoli, donde halló todas las cosas llenas de mil sospechas y recelos.
CAPITULO XXIII.
Da el Emperador Andronico en feudo á los Capitanes Catalanes y
Aragoneses las Provincias del Asia.
El Emperador deseaba dividir los Catalanes entre sí, para después poderles castigar más á su salvo. Volvió á persuadir á Roger lo que antes por medio de Canavurio familiar ministro de Irene su suegra, el cual después de ir y venir muchas veces de Constantinopla á Galípoli, concertó el mayor negocio para los Catalanes, que se pudo desear para su grandeza y aumento, si como se les ofreció se les cumpliera; pero la insolencia de los soldados, la envidia de los Griegos, la instancia del hijo trocó el amor y aficion que Andronico tenía á nuestras cosas en mortal aborrecimiento; y así se determinó entre el Emperador y su hijo dar aparente y honrosa satisfacion á los Catalanes, y ocultamente trazar su perdicion y ruina; aunque esto no lo dicen los Historiadores, dejase fácilmente entender por lo que después se hizo. Andronico por medio de este Canavurio, forzado del temor de las armas de los Catalanes, y del socorro que la fama habia publicado que venia de Sicilia, y que con tan largas pagas estaba el fisco y cámara imperial destruida, y que las rentas del Imperio no eran suficientes para los gastos ordinarios y forzosos, y que como á Príncipe le tocaba prevenir el remedio, y ellos como Capitanes obligados y amigos debian ayudarle á poner en ejecucion lo que á todos les importaba igualmente. Al fin se concertó entre el Emperador y Roger, después de largas y pesadas consultas, lo siguiente. Que desde luego diese Andronico las Provincias de la Asia en feudo á los Ricos hombres, y caballeros Catalanes y Aragoneses, con obligacion que siempre que fuesen llamados y requeridos por él, ó por sus sucesores, acudiesen á servirle á su costa, y que el Emperador no estuviese obligado á dar después de la conclusion de este trato sueldo á la gente de guerra, solo les habia de socorrer cada un año con treinta mil escudos, y con ciento veinte mil modios de trigo, dándoles el dinero de las pagas corridas hasta el dia de este concierto. Con este trato quedaron nuestras cosas, al parecer, en suma grandeza; porque los Catalanes se vieron señores de todas las Provincias de Asia, así por dárselas el Emperador en paga de sus servicios, como porque las ganaron con las armas, y libraron de la servidumbre de los Turcos: títulos que cualquiera de ellos era bastante á darles el derecho de señorío de todas ellas. Esta fué una de las cosas más señaladas de esta expedicion, y que más puede ilustrar la nacion Catalana y Aragonesa; pues cuando los Romanos, vencido Mithridates, ganaron el Asia, alcanzaron una de sus mayores glorias, y lo que el valor de tantos famosos Capitanes y ejércitos conquistó en muchos años, lo adquirieron los nuestros en menos de dos, y si con engaños y traiciones no les atajaran su fortuna, quedaron absolutos señores y Príncipes de la Asia, y quizá si se conserváran, detuvieran los Turcos en sus principios, y no les dieran lugar á dilatar ni engrandecer los límites inmensos del Imperio que hoy poseen.
Estos conciertos se juraron delante de la imagen de la Virgen, costumbre antigua de aquel Imperio. En esta donacion concuerdan Pachimerio y Montaner, solo el Griego difiere en una circunstancia, porque dice, que Andronico exceptuó algunas ciudades, que no quiso que se incluyesen en la donacion.
CAPITULO XXIV.
La gente de guerra con mayor furia que antes se alborota, porque tiene alguna desconfianza de Roger.
El Emperador Andronico para cumplimiento del juramento hecho, envió á Teodoro Chuno que llevase á Roger los conciertos firmados y sellados con sellos de oro, y treinta mil escudos, y las insignias de César, y que el trigo estaba ya recogido para entregarle á quien Roger ordenase. Caminaba la vuelta de Ripi Teodoro, y como cuerdo y practico junto á Ripi se detuvo, porque supo que las cosas de Galípoli, y de los catalanes se iban empeorando. Resolvió de no pasar adelante hasta saber de cierto el estado de las cosas, á más de que temia á Roger por estar ofendido de un hermano suyo que estaba en Cancilio, de donde muchas veces habia salido con gente armada en su daño. Así parece que por cierta providencia envió á Canavurio que fuese antes á la hermana del Emperador, para que primero á ella le diese aviso de lo que pasaba, y juntamente volviese á sagnificarle la disposicion y estado del nuevo motin, porque su persona y el dinero no lo queria aventurar sin más seguridad de la que tenía. Pasó adelante, caminando siempre muy despacio, para dar tiempo á Canavurio que se pudiese informar, y volverle á encontrar antes del peligro. Junto á Brachialio tuvo nuevas llenas de sospechas, porque tuvo aviso que Roger no recibiera las insignias de César por no hacerse más sospechoso á los suyos, de quien ya comenzaban á tener alguna desconfianza, por verle rico y honrado, y ellos defraudado de su sueldo. Temió Teodoro, y resolvió de asegurarse, retirándose al fuerte de Ripi donde estuvo algunos dias. Como vió que no se sosegaba la gente, temió que si los Catalanes entendieran que él estaba en Ripi con treinta mil escudos, no le acometiesen para quitarle el dinero; y así una noche con gran secreto con todos los recaudos que traía se fué á Constantinopla, y dió razon al Emperador de lo que le habia detenido, y forzado á volver atrás sin ejecutar su órden. Roger juzgó que convenia para su reputacion, y seguridad satisfacer al ejército de las sospechas viles de su fé, y así ordenó á las principales cabezas del ejército que se viniesen á Galípoli, dejando aseguradas las plazas que tenian á su cargo, Juntos todos les dijo, que los trabajos y peligros que habian padecido por el aumentó y bien de la nacion Catalana y Aragonesa, no merecían tan mala correspondencia como tener duda de su fidelidad: que él habia probado su intencion en la guerra de Sicilia, sirvieron al Rey, y gobernando siempre gente Catalana, y con ser aquellos tiempos tan sospechosos, nadie se atrevió á ofenderle: que en las guerras del Asia habia acudido á la obligacion que fué llamado, y que el Emperador aunque le habia hecho muchas honras, no las tenía él por iguales á sus servicios, y cuando lo fueran, que él no era hombre que por correponder á ellas olvidaría las obligaciones que tenía en primer lugar: que el Emperador le queria hacer César, y que él no queria más recibir honras sin que á ellos se les diese entera satisfacion, y que por solo venirles á socorrer y animar habia salido de Constantinopla, y dejado al Emperador que le queria detener y acrecentar; que él estaba resuelto de correr la fortuna que ellos, y que si el Emperador con su ejército les acometiere, procuraría por el juramento hecho ceder si pudiese á su rigor, pero que cuando conviniese, forzosamente habian de venir á las armas, y las suyas siempre se habian de emplear en la defensa comun contra los Griegos. Con esta plática Roger aseguró su crédito, y los Catalanes satisfechos de sus sospechas, y así con el reconocimiento que siempre, le dieron disculpa de los recelos mal fundados de algunos.