CAPITULO XLII.

Rocafort y Fernan Jimenez de Arenós toman al Estañara y cobran sus cuatro galeras.

Al mismo tiempo que Montaner hizo tan buena suerte contra Jorge, Rocafort, y Fernan Jiménez de Arenós juntaron la gente que estaba dividida en Pacía, Rodesto y Módico, y entraron por Thracia hacia el mar mayor, haciendo lo que siempre, pegando fuego á los lugares después de saqueados y de talar y abrasar los frutos de las campañas, cautivar, matar y jamas aflojando en su venganza. Parecióles intentar de tomar Estañara pueblo de mucho trato, á la ribera del mar de Ponto, donde se fabricaban la mayor parte de los navíos de Thracia. Atravesaron largas cuarenta leguas, entraron el lugar sin hallar resistencia; porque nunca temieron á los Catalanes estando tan apartados de sus presidios para vivir con cuidado. Ganado el lugar, acometieron los navíos y galeras del puerto, que afirma Montaner que fueron cientocincuenta vajeles, y todo se les hizo llano en el mar como en la tierra. Recogieron riquísima presa, cobraron sus cuatro galeras que los Griegos tomaron en Constantinopla, cuando mataron á Fernando Aones su Almirante. Fué notable el espectáculo de aquel dia, porque turbado el órden de la misma naturaleza anegaron la tierra, rompiendo algunos diques que detenian el agua de las acequias, y en el mar pegaron fuego á los navíos, sirviendo los elementos de ministros de su venganza, y saliendo de sus limites y jurisdicion para ruina de sus contrarios, parecia que volvían á su primer confusion según andaba todo trocado. Murieron muchos quemados en el agua, otros ahogados en la tierra, solo reservaron del incendio sus cuatro galeras, que estando cargadas de despojos, y reforzadas de gente, se enviaron á Galípoli. Pasaron por el canal de Constantinopla con mayor espanto de los enemigos que peligro suyo, porque no hubo quien se les opusiese. Rocafort, y Fernan tomaron el camino de sus presidios muy poco á poco, corriendo por entrambos lados la tierra para buscar el sustento forzoso, y quitársele á su enemigo, que desamparados los lugares se retiraba á lo mas áspero de sus montañas. Andronico sabida la pérdida, no le parecieron bastantes sus fuerzas para poderla restaurar, saliendo á cortarles el camino, antes desesperado entregó sus provincias, al rigor de las armas enemigas, desconfiando, no tanto del valor como de la fé de los suyos; daño que padecen todos los Príncipes que por su crueldad y tiranía hacen á los mas fieles desleales. En el imperio Griego se introdujeron los Príncipes mas por aclamacion del ejército, que por derecho de sucesion, y como temian perder el lugar por las mismas artes que le ocuparon, andaban con perpetuos recelos y temores, así de los subditos que se aventajaban á los demas en valor y consejo, de los ricos, de los honrados, de los bien quistos, como de los atrevidos y sediciosos; igualmente afligidos de las virtudes de los unos, y de los vicios de los otros. De esto nacieron las crueldades entre los de esta nacion, de quitar la vista, las orejas, y las narices, proscripciones, destierros, muertes por vanas sospechas imaginadas, ó fingidas, para quitarse el miedo de la emulacion, y las mas veces fueron oprimidos de lo que nunca temieron. Andronico tenido por Príncipe de singular prudencia, á lo último de sus años, su nieto Andronico le quitó el Imperio, prevenidos sus consejos por el atrevimiento de un mozo; este fin tienen siempre los reinados é imperios, que con razones políticas solamente se quieren conservar y emprender.

CAPITULO XLIII.

Los Catalanes y Aragoneses, por dar cumplimiento á su venganza, á las faldas del monte Hemo vencen á los Masagetas.

No estaban los Catalanes y Aragoneses á su parecer enteramente satisfechos, si los Masagetas, con su General Gregorio, principal ministro de la muerte del César Roger, y de los que con él iban, se retiraban á su patria, sin llevar justa recompensa del agravio que de ellos recibieron. Y como por los avisos que tubieron se supo, que los Masagetas con licencia de Andronico se volvían á su patria, cansados de los trabajos y fatigas de la guerra, prefiriendo la servidumbre y sujecion de los Scitas sus antiguos señores, á la libertad, que gozaban entre los Griegos; tanto puede el amor de la patria, que hace parecer dulce la sujecion, y libertad fuera de ella insufrible. Pareciales á los nuestros lance forzoso, puesto que le habian de buscar, salir luego en su alcance, antes que pasasen el monte Hemo, que divide el imperio de los Griegos del Reino de Bulgaria; porque fuera mal advertida resolucion, si dentro de Bulgaria les siguieran, así por ser la retirada difícil, por la angostura de los pasos, entradas y salidas del monte, como por ser la gente de Bulgaria belicosa, y entonces amiga de Andronico. Juntos los Capitanes en Pacía, resolvieron que para esta faccion se debia hacer el mayor esfuerzo, y así para poder sacar mas gente, desampararon á Pacía, Módico, y Rodesto; solo quedó Galípoli donde se retiraron todas la mujeres, debajo del gobierno de Ramon Montaner, con doscientos infantes, y veinte caballos. Replicó Montaner diciendo, que no le estaba bien á su reputacion faltar en la jornada que todos se aventuraban, pero los ruegos del ejercito le obligaron á quedarse, y la confianza que de su persona hicieron, encargándole la defensa de sus mujeres, hijos y haciendas. Ofreciéronle del quinto de la presa un tercio, y otro para sus soldados; y con ser la ganancia cierta, y sin peligro, muchos de los soldados, la estimaron en poco, y quisieron mas seguir el ejercito, saliendo de noche á juntarse con Rocafort: á otros Ramon Montaner dió licencia, viéndoles resueltos de partirse sin ella, y movido de algun interés, porque le ofrecieron partir con él la parte de la presa que les cupiese. Con esto los doscientos infantes quedaron en ciento treinta y cuatro, y los veinte caballos en siete. Las mujeres eran mas de dos mil, y así dice el mismo Montaner: Romangui mal acompayat de homes, ben acompayat de fembres. Enviaronse con buenas escoltas á Galípoli todas las que estaban en los presidios, y luego nuestros Capitanes partieron de Pacía á grandes jornadas la vuelta de los Masagetas, á que avisados del intento de los Catalanes, apresuraron su partida pero su diligencia no pudo ser mayor que su desdicha, porque sus enemigos después de doce dias de camino les alcanzaron antes de pasar el Hemo. Los reconocedores del campo de los Catalanes una tarde descubrieron el de los Masagetas, y por los de la tierra se supo, que eran tres mil caballos, y seis mil infantes y el bagaje infinito por llevar sus familias y haciendas. Rocafort y Fernan Jiménez fuéronse mejorando con su gente, por asegurarse de que los Masagetas no se les fuesen por pies, y descansaron el dia siguiente dentro de sus alojamientos. Al amanecer del otro, alentada su gente con el reposo, presentaron la batalla al enemigo. Los Masagetas, gente la mas valiente de todas las naciones del Levante, admirados mas que atemorizados del caso tomaron las armas, y salieron á récibir sus enemigos, en la dedefensa de sus hijos y mujeres. Gregorio General, principal ministro de la muerte del César Roger con mil caballos, dió principio al terrible y espantoso combate, oponiéndose á nuestra caballería, que iba á meterse entre los reparos que tenian hechos con los carros. Travóse sangrienta batalla, porque fueron las demás tropas de una y otra parte cerrando con la infantería. Viéronse notables hechos en armas porque iguales en valor aunque desiguales en número, combatian. El teatro de esta tragedia era un llano, que por espacio de dos leguas se estendia á las faldas del Hemo. La caballería, destrozadas las armas, muertos los caballos, las espadas y mazas rotas, con las manos, con los cuerpos, se sustentaban en la pelea. A unos daba ánimo el deseo de venganza insaciable á otros la necesidad última de su propia defensa, y en todos gobernaba el caso porque los Masagetas estaban ya todos fuera de sus reparos, peleando trabados y confusos con los nuestros. Hasta mediodia anduvo la victoria dudosa, y vária pero muerto Gregorio cabe sus banderas con los mas valientes Capitanes, se inclinó á nuestra parte. Quisieron los vencidos rehacerse dentro de los reparos, pero no fué posible, porque los vencedores entraron juntamente con ellos, dándoles la muerte entre los brazos de sus mujeres, á quien muchas veces alcanzaba la espada, porque sin excepcion de sexo ni edad salian á la defensa de sus hijos, y maridos ofreciendo sus cuerpos al rigor de la muerte. Acrecentó la victoria el detenerse los Masagetas en poner en los caballos á sus mujeres, é hijos para huir, porque si de solo sus personas cuidaran, pocos se dejaran de librar huyendo; pero el amor natural poderoso aun entre los bárbaros á despreciar la muerte, les detuvo para mayor daño suyo. Esparcidos por la llanura, caminaban, al guarecerse de la montaña, los caballos cansados, poco ayudados de las mujeres mas llenos de temor, y ímpedidos de los niños, que en los pechos y en los brazos los sustentaban, no pudieron salvarse. En este alcance perecieron casi todos porque desesperados revolvían sobre los nuestros, á cuyas manos hechos pedazos rendian la vida, por dar lugar á que sus mujeres se alargasen. No escaparon de nueve mil hombres que tomaban armas 300 vivos, y en esto concuerdan Nicephoro, y Montaner. Sucedió en este alcance un caso tan estraño como lastimoso. Viendo la batalla perdida, y que las armas Catalanas lo ocupaban todo; un Masageta mozo valiente y bravo, quiso acudir al remedio de la huida, mas por librar á su mujer hermosa y de pocos años, que por temor de perder la vida, con la priesa que el peligro pedia, sacó su mujer de los reparos y tiendas, donde todo andaba ya revuelto con la sangre y con la muerte y puesta sobre un caballo, el primero que el caso le ofreció, y él en otro; tomaron el camino del monte. Tres soldados nuestros movidos de su codicia, ó quizá de la hermosura y bizarría de la mujer, la fueron siguiendo. Reconoció el marido sus enemigos y el cuidado con que le venian siguiendo. Hechó el caballo de su mujer delante, y con el alfanje le iba dando, y animaba con voces, pero el caballo se rindió al calor y cansancio. Con esto el Masageta tuvo por menor mal dejar la mujer, que morir él, y dando riendas y espuelas á su caballo, paso adelante; pero las lágrimas y quejas tan justamente vertidas de su mujer le detuvieron. Revolvió su caballo, y emparejando con ella, le hechó los brazos, y con besos y lagrimas se despidió y apartó enternecido, y levantando luego el alfanje le cortó de una cuchillada la cabeza. Barbara y fiera crueldad, y estraña confusion de accidentes, que puedan en un mismo tiempo andar juntos los brazos con el cuchillo, y los besos con la muerte, efectos todos de la pasion de un amante. Amor tierno dió los brazos y besos, celos insufribles el cuchillo y la muerte, porque sus enemigos no gozasen lo que él perdia, y vencieron los celos; dos efectos igualmente poderosos en el ánimo del hombre, amor, y deseo de vivir. Al mismo tiempo que cayó la mujer muerta del caballo, le cogió por la rienda Guillén Bellver, uno de los tres que la seguían, pero él Masageta bañado de sangre propia vertida por sus manos, con increíble furia braveza de una cuchillada quitó el brazo y la vida á Guillén, y revolviendo sobre Arnau Miró, Berenguer Ventallola dando y recibiendo heridas cabe el cuerpo difunto de la mujer, cayó muerto; y no parece que cumplierá con las leyes de amante, si como sacrificó la vida de su mujer á sus celos, no sacrificará la suya á su amor. De cualquier manera fué el caso indigno de hombre racional, cuando no christiano. De Radamisto hijo de Tarasmanes rey de Iberia nos cuenta Tacito un suceso semejante, cuando huyendo con su mujer Cenobia en sendos caballos junto al rio Arajes, viéndola rendida por estar preñada, y temiendo que no llegase á manos de su enemigo ofendido, prenda en quien pudiese con grande mengua y afrenta suya vengarse, le dió cinco heridas, y la echó en el rio: pero Cenobia tuvo diferente fin que la mujer del Masageta, porque unos villanos la sacaron del rio, la curaron, y entregaron al rey Tiridates enemigo de Radamisto.

Los nuestros después de la victoria, recogieron la presa y los cautivos, y dieron la vuelta á sus presidios con gran alegria y regocijo de haber dado fin á su venganza con tanto cumplimiento. El camino que llevaron fué con fatiga y peligro por ser largo y la tierra enemiga, puesta en armas, retirados en lugares fuertes, los frutos recien cogidos de las campañas; con que la comida las mas veces se compraba con sangre y vidas. Hay entre Nicephoro, y Montaner alguna diversidad en la relacion de esta jornada. Nicephoro dice, que los Catalanes la emprendieron á persuasion de los Turcoples, porque en el tiempo que juntos militaban debajo de las banderas del Imperio, los Masagetas como mas poderosos en la reputacion, de las presas siempre les trataron con desigualdad, y les hicieron agravio, de que quisieron los Turcoples por este camino tomar satisfaccion y Montaner solo dice que fué pensamiento de los Catalanes, y dejase bien creer, porque en materia de venganza no habia para que solicitarles. Lo que yo tengo por cierto es, que los Turcoples fueron los que les avisaron de la partida de los Masagetas, y que algunos siguieron á los Catalanes, pero no toda la nacion junta, ni Meleco su Capitan, porque después de esta victoria dejaron al Emperador Andronico, y vinieron á servir á los Catalanes, como en su lugar se dirá.

CAPITULO XLIV.

Acometen los Genoveses á Galípoli, y retiranse con pérdida de su
General.

Por el mismo tiempo que Rocafort, y Fernan Jiménez alcanzaron victoria de los Masagetas, Ramon Montaner capitan de Galípoli la alcanzó de Genoveses. Fué el suceso notable, y en que claramente se muestran, cuan varios son los accidentes de una guerra, pues algunas veces las victorias y pérdidas nacen de causas ni previstas, ni esperadas. Antonio Spinola con diez y ocho galeras Genovesas llegó á Constantinopla para traer al Marquesado de Monferrato á Demetrio, tercer hijo de Andronico, y de la Emperatriz Irene, y platicando con el Emperador del estado de las cosas de los Catalanes, el Spinola con mas temeridad que cordura ofreció de tomar á Galípoli, y hechar los Catalanes de Thracia, si le daba palabra de casar á Demetrio su hijo tercero con la hija de Apicin Spinola premio debido á tan señalado servicio. Andronico aceptó el partido, y empeñó su palabra que casaria su hijo. Con esto el Genovés arrogante con dos galeras llegó á Galípoli debajo de seguro. Preguntó por el capitan, y llevado á donde estaba con semblante soberbio y descortés le dijo: Yo soy Antonio Spinola general de mi república, vengo á ordenaros, que sin replica y dilacion degeis libres estas provincias, y os retireis á vuestra patria, porque de otra manera os hecharemos con las armas, y estareis sujetos á su rigor. Ramon Montaner reconociéndose sin fuerzas, como cuerdo y buen soldado respondió con mucha blandura y cortesía: Que el salirse de Galípoli, y de Thracia no era cosa que tan arrebatadamente se podia hacer, como el queria, y que amenazarles con sus armas era cosa muy fuera de toda razon, y de las paces que tenian sus Reyes y su República, que el estaba puesto en guardarla mientras ellos la guardasen. Replico Antonio, y segunda, y tercera vez desafió á todos los Catalanes con palabras llenas de mil ultrages, y quiso que constase su desafío por fé pública de escribano. Montaner irritado de tanta insolencia, perdió el sufrimiento, y respondió con valor: Que la guerra que les denunciaba de parte de su república era injusta, y que así protestaba delante de Dios, y por la fé comun que procesaban, que todos los daños, derramamiento de sangre, robos, incendios, y muertes serian por su causa, porque ellos forzosamente se habian de oponer á tan injusta ofensa. Que la república de Génova no tenia jurisdicion para requerirle saliesen de Thracia, no siendo aquella tierra sujeta á su señorío, que si su derecho solo se fundaba en su poder, viniesen á hecharles; que el suceso mostraria la diferencia que hay del decir al hacer. Que Andronico era cismático, fementido, y que sus armas se habian de emplear en su ruina á pesar de los Genoveses. Luego con esta respuesta Antonio volvió á sus galeras, y con ellas á Constantinopla, y dió cuenta al Emperador de lo que habia pasado, ofreció de darle luego ganado á Galípoli por la poca defensa que tenia. Andronico codicioso de ganar el presidio de sus mayores enemigos, dió al Spinola siete galeras con su Capitan Mandriol, Genovés de nacion, para que juntas con las diez y siete facilitase mas la empresa. Antonio embarcó á Demetrio, y con veinte y cinco galeras llegó el dia siguiente á las dos después de medio dia á los palomares cerca de Galípoli, y comenzó á desembarcar la gente. Montaner con los pocos caballos que tenia arriscados y valiente, á la legua del agua impedia la desembarcacion. Pero diez galeras apartándose de las demás, libremente pusieron en tierra la gente que trahian. Hirieron á Montaner, y le matron el caballo, y creyendo los Genoveses que su dueño lo quedaba; dijeron á voces: Muerto es el capitan, y Galípoli nuestro; pero socorrido de un criado, escapó de sus manos con cinco heridas. Retiróse dentro de Galípoli bañado en su sangre propia y ajena, y causó alguna turbacion creyendo que las heridas de su capitan eran mortales. Recocidas luego, fué de tan poco cuidado, que ni el pelear ni el gobernar le impidieron. Guarneciéronse las murallas de Galípoli con dos mil mujeres, siendo caba de cada diez un mercader Catalan, y con chuzos, espadas y piedras se pusieron á la defensa de su libertad, sucediendo no solo en el cargo, pero en el valor de sus maridos. Dueños ya los Genoveses de la campaña, ordenadas sus haces llegaron á Galípoli; arrimaron sus escalas, tirando inumerables dardos, apretaron gallardamente el asalto, y mas, cuando vieron las murallas solo defendidas de mujeres. La resistencia mostró luego, que solo en el nombre lo parecian, y en el esfuerzo y constancia varones invencibles. Rebatidos con muchas muertes, y heridas de las murallas; creyeron que la flaqueza natural del sexo, si porfiadamente se combatia, se rendiria. Volvieron segunda vez al asalto, pero con mayor daño se retiraron. Miraba Antonio Spinola desde su capitana el combate, y viendo su gente rendida, desesperado de poder hacer algun buen efecto con sola la que tenia en tierra, acudió con su persona, y con cuatrocientos caballos á dar calor al asalto. Llegó á las murallas, conociendo el daño de cerca, y tanta gente muerta. Quisiera no haberse empeñado, animó á los suyos, y acometieron con valor. Renobose el combate, y en las mujeres creció él ánimo con el peligro, llenas de sangre y heridas tan asistentes en sus postas, que algunas de ellas con cinco heridas en el rostro no quiso dejar la suya, juzgando con tan honrado puesto como ocupar el que el marido debiera tener, no se habia de perder sino con la vida. Los Genoveses afrentados de verse tan gallardamente rebatidos de mujeres, obstinadamente peleaban, en caer uno muerto de las escalas, habia otro que se ofrecia al mismo peligro. Ramon Montaner visto el daño que habian recibido los Genoveses, y que ya no tenian dardos que tirar, sus escuadrones desechos, la mayor parte heridos, los demas cansados y rendidos al rigor del combate, y del tiempo, por ser el mes de Julio poco después del medio dia, con cien hombres, y seis caballos, sin armas defensivas por ir mas sueltos, salió á pelear. Abierta una puerta de Galípoli, se arrojó con sus seis caballos sobre el enemigo desalentado de la fatiga del calor, y las armas; siguiéronles los cien hombres, y con poca resistencia todo lo vencieron, y degollaron. Tomaron los vencidos la vuelta de sus galeras, apretados siempre de sus enemigos, perecieron casi todos en el alcance. Las galeras tenian las escalas en tierra, y hubo algun Catalan que siguiendo á su enemigo llegó á darle muerte dentro de la galera; y si Montaner aquel dia tuviera mas gente de refresco, pudiera ser que muchas de las galeras genovesas quedarán en su poder. Demetrio hijo del Emperador, y los demas capitanes que quedaban vivos, se alargaron de tierra, temiendo el atrevimiento y osadia del vencedor. Los cuatrocientos caballos murieron todos, y su capitan Antonio en el mismo lugar donde de parte de su república retó á todo nuestro ejército, y le denunció la guerra: fin justamente merecido de un hombre tan arrogante y que tan fuera de toda razon rompió una guerra, y su pérdida fué aviso para los que ofrecen á los Príncipes empresas sujetas á la incertidumbre de la guerra, por muy fáciles y seguras. Encendida una guerra, y empuñada una espada, lo muy cierto esta dudoso, cuanto mas lo que está en duda. Antonio Rocanegra, capitan genovés, hallando cortado él paso para sus galeras, con hasta cuarenta soldados se pudo en defensa en lo alto de un collado. Llegó este aviso á Montaner, después que los pocos genoveses que quedaron y habian con tanta infamia y daño retirado á sus galeras, se alargado con ellas, revolvió con la gente que tenia hácia donde el genovés estaba con los suyos, peleó con ellos, y parte rendidos, parte muertos, quedó solo Antonio Rocanegra con un montante, haciendo bravas y estremadas pruebas de su valentia. Aficionado y obligado Montaner, aunque enemigo de tanto valor, detuvo los soldados que le tiraban y procuraban matar, y con mucha cortesía le pidió que se diese á prision. Pero el genovés temerario, resuelto de morir antes que rendir las armas, menospreció los ruegos y cortesía de Montaner, con que provocó la ira á los vencedores, que cerrando con él, le hicieron pedazos, con que los catalanes quedaron señores del campo, y de la victoria. Las diez y siete galeras de genoveses no osaron volver á Constantinopla, aunque la necesidad y falta de gente les pudiera obligar, pero temiendo la indignacion de Andronico, y la insolencia de los Griegos, desembocaron el estrecho y fueron la vuelta de Italia, llevando en ellas á Demetrio. Las otras siete galeras gobernadas por Mandriol, vueltas á Constantinopla avisaron á Andronico del suceso.