[319] “y Julio César estaba llamando de traidores a Bruto y Casio. ¡Oh cuáles andaban el mal obispo don Olpas y el conde don Julián, pisando su propia patria y manchándose en sangre cristiana! Allí vi colgados otros muchos de todas naciones, cuando se llegó a mí el portero y dijo:”, etcétera. (Ms. de la Biblioteca de las Cortes, F. 3, y L. 31, págs. 110 y 100).
[320] Que... que veáis, repetida la conjunción a causa del inciso.
[321] ¿Cómo, diablos. Aquí diablos es a manera de voto o exclamación de extrañeza, por tenerse al diablo como autor de maravillas.
[322] De molde, por sus historias impresas, y con licencia.
[323] Pesquisidores, por el abuso de malpesquisar.
[324] “ocicadas, doncellas preñadas como tazas”; y dijo el demonio: “Doncellas son que vinieron al infierno con... fiambre, y por cosa rara se guardan acá”. (Ídem, págs. 110 y 101); “con los virgos fiambres” (P).
[325] Penadas como tazas, que eran de cuello muy angosto, para que con pena o a duras penas saliese el licor y más lentamente se dejase saborear. Pedro Vega, ps. 7. v. 11, d. 3: “Las copas, que llaman penadas, porque escasean la bebida, tarda en colar, dura y son mayores sus sabores”. Quev., Poem. her., 1: “Que a las tazas penadas echan retos”.
[326] Demandadores, que se visten diferentemente y como que se disfrazan para mendigar. Y demandadores para las ánimas, que se lo gastan en beber.
[327] En P: porque piden para sus misas y consumen ellos con vino, cuanto les dan, sin ser sacerdotes. (Edic. de Pamplona, 1631).
[328] En vez de mascarones había en el camarín madres postizas o sean terceronas que se hacen madres de las jóvenes que ofrecen, o que venden a sus sobrinas como en trastienda, escondidamente.