[309] Manes, hereje persa, que vino a Roma imperando Aureliano. Sus discípulos son llamados maniqueos. Establecía dos principios, uno a otro contrario, siendo el malo autor de las bodas, de las comidas de carne y del vino. Afirmaba que él de una virgen era hijo, y que fué educado en las selvas. Ponía en Cristo una sola naturaleza, la divina, y suponía fantástica la humana, por no creer verisímil que Dios hubiese querido padecer.

[310] Josepho Scalígero, uno de los más célebres filólogos de Francia, fué hijo de Julio César Scalígero, y nació en 1540. Dotado de prodigiosa memoria y de tanto tesón para el estudio, llegó a saber trece lenguas e instruirse profundamente en las bellas letras, la historia, la cronología y las antigüedades. Hízose protestante a la edad de veintidós años, absteniéndose de tomar parte en las tenaces contiendas religiosas de su época. Consagróse a corregir y explicar los autores antiguos, y, aun cuando les atribuye frecuentemente sus propias ideas, no por eso dejó de ilustrarlos. Murió en 1609.

[311] Felipe Melanchthon nació en Breten, en el Bajo Palatínado, año de 1497. Llamábase Schwart-Erde, que en alemán quiere decir tierra negra. Tomó por consejo de un tío el otro nombre, que en griego significa lo mismo. Dió muestras desde muy temprano de una disposición extraordinaria para las letras, y a los veintiún años fué nombrado catedrático de Griego en Wittemberg. Allí trabó amistad con Lutero, que enseñaba Teología, y de común acuerdo trabajaron para restablecer la Reforma. El carácter de Melanchthon era tan dulce como arrebatado y bilioso el de Lutero. Por esta causa fué escogido aquél para redactar su célebre confesión de Ausburg. Murió en 1560, dejando escritas muchas obras, la mayor parte en defensa del protestantismo. Corr., 596: “Comerse las manos. (Por lo que se come con gusto)”. Gitanilla: “Cuando le sepas, has de gustar del de modo que te comas las manos tras él”.

[312] Teodoro Beza nació en Vezelai, pequeña ciudad del Nivernais, año de 1519. Estudió en París y vivió mucho tiempo en Francia, donde gozaba pingües beneficios eclesiásticos. Retiróse a Ginebra en 1548 y públicamente abrazó la Reforma. Atrajo a estas opiniones a Antonio de Borbón y Juana de Navarra, su mujer; concurrió al coloquio de Poissy; sucedió a Calvino en todos sus empleos, y falleció de ochenta y seis años.

[313] “doctísimo”. (Edic. de Pamplona de 1631). Henrico Stéphano nació en París, año de 1528, de una familia de sabios impresores. Sus conocimientos extraordinarios en las lenguas griega, latina y vulgares de Europa, el trabajo que puso en restaurar y anotar las obras de los antiguos, sus frecuentes viajes en busca de manuscritos preciosos y la comunicación con todos los ingenios de su época, le dieron grande nombradía. Como abrazase la religión reformada, echó sobre sí el odio de los católicos, atrayéndole la animadversión de muchos literatos la crítica mordaz que usaba contra los que no seguían sus opiniones. Murió en el Hospital de Lyon, 1598.

[314] “¡Válame Dios, dije, llegándome a Lutero como a mal hombre, por no decir como a mal fraile: te atreviste a decir que no se habían de adorar las imágenes, si en ellas no se adora sino la espiritual grandeza que a nuestro modo representan! Si dices que para acordarte de Dios no has menester imágenes, es verdad y no te las dan para eso, sino para que te muevan afectos la representación de la verdad que reverenciamos y del Señor que amamos sobre todo bien. Como los enamorados, que el retrato de su dama no le traen para acordarse della, pues ya presuponen memoria della en acordarse de que la traen, sino para deleitarse con la parte que se les concede del bien ausente. Dices también que Cristo pagó por todos y que no hay sino vivir como quisiéremos, porque el que me hizo a mí sin mí, me salvará a mí sin mí. Bien me hizo a mí sin mí; pero hecho, siente que yo destruya su obra y manche su pintura y borre su imagen. Y si, como confiesas, sintió en el primer hombre tanto un pecado, que por satisfacerle mostrando su amor murió, ¿cómo te dejas decir que murió para darnos libertad de pecar quien siente tanto que pequemos? Y si murió y padeció Cristo para enseñarnos lo que cuesta un pecado y lo que hemos de huirle, ¿de dónde coliges que murió para darnos licencia para hacer delitos? Que satisfizo por todos es verdad, ¿luego no tenemos que trabajar nosotros? Mientes, pues hay que trabajar en no caer en otros y pagar los cometidos delitos. Enojóse Dios por un pecado, cuando no le debemos sino la creación sola, y ¿no sentiría las culpas, cuando le debemos redempción costosa y trabajosa? Espántome, Lutero, de que supieses nada. ¿De qué te aprovecharon tus letras y agudeza? Más le dijera, si no me enterneciera la desventurada figura en que estaba el miserable Lutero. Estaba ahorcado”, etc. (Edic. de Pamplona, 1631, y Ms. de la Bibl. de las Cortes, F. 3, pág. 109; L. 31, pág. 98).

[315] En P: estaba el miserable Lutero. Estaba ahorcado penando Helyovano, este célebre.

[316] Helio Eobano hesso. Este sobrenombre indica su patria en el Hesse, donde nació en 1488. Fué mirado como uno de los primeros poetas latinos de su época. La necesidad le obligó a emprender la Medicina y escribió un Tratado sobre la dieta, que fué recibido con mucho aplauso. Tuvo comunicación estrecha con los sabios más distinguidos de la Alemania protestante y murió en 1540.

[317] “No pude sino suspirar”. (Edic. de Pamplona, 1631).

[318] “Miré por los españoles y no vi corona ninguna española: quedé contentísimo, que no lo sabré decir”. (Ídem).