[497] Con un Cuarto, con Felipe IV. Faltan esta redondilla y la anterior en la edición de Barcelona, 1635; en la de Madrid, 1648, y, menos en las de Pamplona, 1631, y Bruselas, 1660, en todas las demás, antiguas y modernas. Únicamente la impresión de Ruán, 1629, incluye la penúltima profecía, pero suprime la tercera. Sin duda, convencido Quevedo de que el mal gobierno de Felipe IV hacía bueno el de su padre y que los apuros y empeños del Tesoro, lejos de menguar, iban en creciente, al reimprimir su discurso en 1629 echó abajo mucho de cuanto le había hecho ver el buen deseo y las esperanzas, risueñas siempre, de un nuevo reinado.
[498] Y (hechos) cuartos, descuartizados.
[499] Muy blanco, por ser el Otro un cualquiera, que está en blanco, para que cada cual fantasee a quien se le antoje y lo escriba en ese blanco.
[500] Corr., 361: “Como dijo el otro. (Dicen esto probando lo que hacen, y a veces refiriendo un refrán al propósito)”.
[501] Vais, por vayáis, era común, y lo mismo en todo el indicativo por el subjuntivo.
“Ya cabalga Calaínos
A las sombras de una oliva,
El pie tiene en el estribo,
Cabalga de gallardía”.
Así principia el romance de Calaínos, que cita Cervantes en su Quijote, 2, 9, rústica improvisación de algún iletrado juglar sobre asunto dado. El señor don Agustín Durán lo insertó en su Romancero general, extrañando que pare en proverbio el refrán que dice: Tan malo como las coplas de Calaínos; porque el romance es de los mejores de su clase, su narración interesante y animada, sencillo y bien sentido a veces, y menos pesado que otros.
Según el texto, lo más usual en tiempos de Quevedo era decir: Cuentos son ésos de Calaínos, denotando los razonamientos o escritos impertinentes y frívolos de cosas que no importan. Y se tomaba la frase de las aventuras de aquel paladín señor de Montesclaros y Constantina la llana, que vino a España a servir a Almanzor, rey de Sansueña, por amores de su hija la infanta Sevilla. Pidióle ésta que le trajese en arras tres cabezas de los doce Pares de Francia, y el valeroso alarbe pereció en la empresa a manos de Roldán, después de haber vencido a Baldovinos. No se remonta la antigüedad del romance de Calaínos más allá del siglo xv, puesto que en él se habla del preste Juan, del soldán de Babilonia y de las tierras del Gran Turco. Corr., 145: “Ya cabalga Calaínos; ya cabalga, ya se va. (Quedó de unas de sus coplas)”. Ídem, 548: “Las coplas de Calaínos. (Por cosa de poco valor. Fué un moro)”. Ídem 558: No se me da las coplas de Calaínos, las coplas del perro de Alba.
[503] Corr., 75: “El ánsar de Cantimplora, que salió al lobo al camino. (Adelante se dirá la gansa de Cantipalos, con su origen)”. Ídem, 172: “La gansa de Cantimpalos, que salía al lobo al camino. Los de este lugar cuentan por tradición de los pasados que una mujer llamada la Gansa salía al camino de otro lugarejo vecino a tratar a solas con el cura de allí, que se llamaba Lobo. Cantimpalos o Cantipalos es cerca de Segovia; el otro lugarcillo del cura ya está despoblado. El vulgo ha trocado este refrán en el otro: El ánsar de Cantimpalos o Cantimpalo, porque a los nombres que empiezan en A, aunque sean de hembras, se pone el artículo el: el ánsar por la ánsar, hembra”. Yo supongo que estos cuentos se inventaron después, y que cant-i-palo se aplicó al pueblo ése; pero que de suyo sólo significaba el ánsar o ganso bobo, que él mismo se mete en peligro, y por ello cantos o piedras y palos merece o le dan.