[89] “que somos ángeles, aunque sin gracia”. (Edic. de Pamplona y el Ms. Colomb).

[90] “Así que, por demás te cansas, padre, en poner reliquias a éste, pues no hay santo que si entra en sus manos no quede para ellas”. (Ídem).

[91] “todos somos de una orden, sino que los alguaciles son diablos calzados y nosotros diablos recoletos, que hacemos áspera vida en el infierno”. (Ídem). Con varilla, la de autoridad, que llevaba en la mano.

[92] “aborrezcan los alguaciles, pues aun por no verla en su nombre, llamándose propiamente aguaciles, han encajado una l en medio, llamándose alguaciles” (Ms. Colomb). En-aguacil-ado, dijo antes, por decirse también aguacil.

[93] Corchetes, los subordinados que acompañaban al alguacil y llevaban presos a los que él les mandaba, que por eso se llamaban así. Soplones, los que le daban el soplo y aviso de lo que pasaba; escriban-ito, que tomaba por escrito las notas.

[94] Tara, lo que se rebaja del peso en las mercancías por razón del casco o caja en que vienen encerradas.

[95] Quiere decir que son más moriscos que cristianos. Los moriscos convertidos eran harto malos cristianos comúnmente. Merino fué el gobernador y juez, y también el sayón o alguacil.

[96] Ése es tu enemigo..., refrán. “Figulus figulum odit”.

[97] “confesor, sabía”, etc. (Edición de Pamplona). El tribunal de la justa venganza, pág. 125, llama la atención sobre esta especie de haber sido confesor de Quevedo el licenciado Andreini.

[98] Ensancha, posverbal de ensanchar, como ensanche. Argensola, Maluc., 8: “Se terraplenó y levantó con sus ensanchas”.