Estaba luego Saddoc, autor de los Sadduceos[273]. Los fariseos estaban aguardando al Mesías, no como Dios, sino como hombre[274].
Estaban los heliognósticos[275] devictiacos, adoradores del sol; pero los más graciosos son los que veneran las ranas, que fueron plaga a Faraón, por ser azote de Dios.
Estaban los musoritos[276] haciendo ratonera al arca a puro ratón de oro.
Estaban los que adoraron la Mosca accaronita[277]: Ozías, el que quiso pedir a una mosca antes salud que a Dios, por lo cual Elías le castigó.
Estaban los troglodytas[278], los de la fortuna del cielo[279], los de Baal[280], los de Asthar[281], los del ídolo Moloch[282], y Renfan[283] de la ara de Tofet[284], los puteoritas,[285] herejes veraniscos de pozos, los de la serpiente de metal.[286]
Y entre todos sonaba la baraúnda y el llanto de las judías, que, debajo de tierra, en las cuevas, lloraban a Thamur[287] en su simulacro. Seguían los bahalitas,[288] luego la Pitonisa[289] arremangada, y detrás los de Asthar y Astharot,[290] y al fin, los que aguardaban a Herodes, y desto se llaman herodianos.[291]