[149] Dos sendas. El mito que traen Jenofonte (De dictis et factis Socratis, l. 2) y Ateneo (Dipn., l. 12, c. 1), y cuenta así Juan de Pineda (Agric. crist., 7, 7): “Siendo Hércules mancebo, llegó por un camino adonde se repartía en dos, y el de la mano derecha era muy áspero y estrecho y se llamaba de la virtud, y el de la mano izquierda muy ancho y llano y andadero era el de los vicios y pecados. Como él allí llegó, reparó un poco, pensando lo que le cumpliría más, y vió venir para sí dos mujeres, la una de las cuales, adelantándose de la otra, llegó a él muy compuesta y afeitada y con melindres de ramera, y le convidó al camino de los deleites, que le prometía con poco trabajo; mas llegando poco después la otra, vestida de blanco y con muy honesto y grave semblante, le avisó que se guardase de aquella engañadora, que le prometía vivienda enemiga de bondad, por la cual se perdería. Insistió mucho que la siguiese a ella por el camino más arduo y angosto, en el cual puso Dios el trabajoso sudor antes de la virtud, porque, considerándolo atentamente, vería que lo que se da barato es cosa vil, mas lo precioso siempre vale caro, y que ni Dios ni buenos amigos se pueden ganar sin diligencias trabajosas. Con los consejos de la blanca virtud determinó Hércules de se meter por el camino de la virtud, significado por el brazo diestro de la letra de Pitágoras (Y), que al principio sube agro y angosto y en el fin pára en anchura llana y holgada con perpetuidad”.
[150] De la gente..., de causal, a causa de.
[151] En P: me dijo: S. Pablo le dejó para dar el primer paso a esta senda. Y miré. Caballerías, ejercicios a caballo, y, metafóricamente, fantasías. Jineta, p. 30: “De muchas maneras se corre con lanza y mil reglas hay escritas desta caballería”. Valderrama, Ejerc. Fer. 5 dom. pas.: “Ni pasear las plazas haciendo caballerías, que ya no está gallardo ni para eso”. Galindo, 655: “Cayó de su asno, del desengañado del error, que defendía por ignorancia crasa”. El error del ignorante es asno que lleva caballeros a muchos.
[152] Pesia, pese a. Pedr. Urdem., 3: “¿Son por ventura mostrencas | mis gallinas, pesiatal?” Tirso, No hay peor sordo, 1: “Yo entonces le dije: ¡Pesia | a tal! no es el perro mío”.
[153] Gente honrada, de probidad, irónicamente, gente perdida, como aquí.
[154] Tósigo, ponzoña, o hierba de ballesteros, que es lo que propiamente τόξιχος suena en griego, de τόξον arco, por emponzoñar con ella las flechas.
[155] Lechigada, camada, conjunto de crías propiamente, de lecho. Contra los taberneros, que bautizan el vino.
[156] “Había muchas mujeres tras éstos besándoles las ropas, que en besar algunas son peores que Judas, porque aquél besó (aunque con ánimo traidor) la cara del Justo, Hijo de Dios y Dios verdadero, y ellas besan los vestidos de otros tan malos como Judas. Atribúyolo, más que a devoción (a algunas) a golosina en el besar. Otras iban cogiéndoles de las capas para reliquias, y algunas cortan tanto, que da sospecha que lo hacen más por verlos en cueros o desnudos, que por fe que tengan con sus obras. Otras se encomiendan a ellos en sus oraciones, que es como encomendarse al diablo por tercera persona. Vi alguna pedirles hijos, y sospecho que marido que consiente en que pida hijos a otro la mujer, se dispone a agradecérselo si se les diere. Esto digo por ver que, pudiendo las mujeres encomendar sus deseos y necesidades a san Pedro, a san Pablo, a san Juan, a san Agustín, a santo Domingo, a san Francisco y otros santos que sabemos que pueden con Dios, se den a éstos que hacen oficio la humildad y pretenden irse al cielo de estrado en estrado y de mesa en mesa. Al fin conocí que iban éstos arrebozados”, etc. (Edición de Pamplona, 1631).
[157] Adrollas, trapazas y engaños, sobre todo comprando o vendiendo al fiado. Oña, Postrim., 1, 1, 8: “Tantas adrollas y trapazas inventadas en daño del bien común”. En Aragón, trola y drola; en Galicia, drola; en Germanía, droll, embuste. Embustidor, embustero, de embustir, cuyo posverbal es embuste.
[158] “repúblicas. No faltaron en el camino muchos eclesiásticos, muchos teólogos”. (Edic. de Pamplona, 1631).