—Doncellas son, que se vinieron al infierno con las doncelleces fiambres, y por cosa rara se guardan.
Seguíanse luego demandadores[326], haciendo labor con diferentes sayos, y de las ánimas había muchos, porque piden para sí mismos y consumen ellos con vino cuanto les dan[327].
Había madres postizas[328] y trastenderas de sus sobrinas y suegras[329] de sus nueras, por mascarones alrededor.
Estaba en una peaña[330] Sebastián Gertel[331], general en lo de Alemaña contra el Emperador, tras haber sido alabardero suyo.
No acabara yo de contar lo que vi en el camino si lo hubiera de decir todo. Salíme fuera y quedé como espantado, repitiendo conmigo estas cosas. Sólo pido a quien las leyere, las lea de suerte que el crédito que les diere le sea provechoso para no experimentar ni ver estos lugares, certificando al lector que no pretendo en ello ningún escándalo ni reprensión sino de los vicios[332], pues decir de los que están en el infierno no puede tocar a los buenos. Acabé este discurso en el Fresno[333], a postrero de abril de 1608, en 28 de mi edad[334].
NOTAS:
[147] En P: y que el diablo nunca dijo verdad. Llamamos el malo al diablo.
[148] Se nos esconden. En P: nos esconde Dios, vi, guiado del ángel de mi guarda, lo que se sigue, por particular providencia de Dios. La corrección evita todo lo que mira a lo religioso.