[43] Pujados, como empujados a la fuerza.
[44] Soltar el trapo, dar rienda suelta al llanto, a la risa, sentimiento, vicio, etc., tomado del soltar la vela al viento. Igualmente echar trapo. Valderrama, Teatro, Dif., 5: “La mesana y contramesana, el chafaldete y cebadera y el papahigo, y no queda trapo que no eche”. Esteb., 3: “Llegamos a la faluca y echamos todo el trapo”. No lo entendió bien Correas, cuando dijo (p. 141): “Echó el trapo” (Para decir que uno echó el resto e hizo mucho o todo su poder en una cosa. Comenzó en Andalucía a semejanza del dinero atado en trapo).
[45] Llorar a cántaros, ponderación que trasladó Quevedo del llover a cántaros, que es lo común. Cáceres, ps. 10: “Lloverá el cielo sobre ellos miserias, afanes y desventuras a cántaros”.
[46] “les dió la Sagrada Escritura nombre de mudas”. (La edic. de Pamplona).
[47] Viuda en hebreo suena almȃnȃ (אַלמָנָה), y, según Gesenius, deriva de (םלא) ȃlam, atar, ser atado, enmudecer, callarse, como en persa sebȃn besten, linguan ligare est obmutescere, y en árabe, jhubsat ligatio es lo mismo que silentium y ghaquida ligatum y sermone impeditum esse.
[48] Mucho cuidado tuvo Dios dellas en el testamento viejo, y en el nuevo las encomendó mucho. Por san Pablo: “¡cómo el Señor cuida de los solos y mira lo humilde de lo alto!” “No quiero vuestros sábados y festividades, dijo por Isaías, y el rostro aparto de vuestros inciensos, cansado me tienen vuestros holocaustos, aborrezco vuestras calendas y solemnidades. Lavaos y estaos limpios, quitad lo malo de vuestros deseos, pues lo veo yo. Dejad de hacer mal, aprended a hacer bien, buscad a la justicia, socorred al oprimido, juzgad en su inocencia al huérfano, defended a la viuda”. Fué creciendo la oración de una obra buena en otra buena más acepta y por suma caridad puso el defender la viuda. Y está escrito con la providencia del Espíritu Santo decir: “Defended a la viuda”, porque, en siéndolo, no se puede defender, como hemos dicho, y todos la persiguen. Y es obra tan acepta a Dios ésta, que añade el Profeta consecutivamente, diciendo: “Y si lo hiciéredes, venid y argüídme”. Y conforme a esta licencia que da Dios de que le arguyan los que hicieren bien y se apartaren del mal y socorrieren al oprimido y miraren por el huérfano y defendieren la viuda, bien pudo Job argüír a Dios, libre de las calumnias que por argüír con él le pusieron sus enemigos, llamándole por ello atrevido e impío, que lo hiciese con esta del capítulo 31, donde dice: “¿Negué yo por ventura lo que me pedían los pobrecitos? ¿Hice aguardar los ojos de la viuda?”, que convienen con lo dicho, como quien dice: “Ella no puede, porque es muda, con palabras, sino con los ojos, poniendo delante su necesidad”. El rigor de la letra hebrea dice: “O consumí los ojos de la viuda”, que eso hace el que no se duele del que la mira para que la socorra, porque no tiene voz para pedirle. (Edición de Pamplona, 1631).
[49] Esto remedian, parece decirlo el viejo, al cual luego Quevedo responde. Contra las dueñas o viudas de respeto que guardaban a las demás criadas en las casas de los señores, hablaron todos nuestros escritores críticos y todos lo saben por el Quijote.
[50] El que pudre, ya enterrado.
[51] “las cosas, sino el que las hace, como no es rico el que sabe dónde está el tesoro, sino el que le saca y le trabaja”. (Ms).
[52] Cuerpo de responsos, como muerto de puro viejo.