“El tiempo está de manera”...
—¡Oh, maldito caballero almanac! ¿Pídente dinero y das pronóstico?
El cuarto:
“No siente vuesa merced tanto su necesidad como yo no poder socorrerla”.
—¿Quién te lo dijo, demonio? ¿Profeta te haces, miserable? ¿Cuando te piden, adivinas?
—No hay más que leer—dijeron todos.
Y alzando un zurrido[366] infernal, dijeron:
—Ya es de noche: desquitémonos de lo gastado royendo las obleas de los sellos, a falta de cena, y juntemos estos billetes con otros dos cahices que tenemos, y véndanse a un confitero, que, por lo menos, dará por ellos cuatro reales para amortajar especias, y encorozar[367] confites, y hacer mantellinas al azúcar de las pellas y calzar los bizcochos.
—Esto de pedir prestado—decía bostezando el andadero—, diez años ha que murió súpito[368]; ya no hay qué prestar sino paciencia. Por no ver los gestos y garambainas[369] que hacen con las caras los embestidos, puede uno darles lo que les pide, y, hecha la cuenta, se gasta más en secretaría y trotes que se cobra. Caballeros de la arrebatiña, no hay sino ojo avizor[370].
En esto estaban los pescadores de papel, cuando los cogió la hora, y dijo el más desembainado de persona: