...Fatis accede, Deisque,
Et cole felices, miseros fuge.

“Siempre he leído esto de buena gana, y a este admirable poeta, niegúeselo quien quisiere[626], con atención en lo político y militar, preferida a todos después de Homero.

“Para las judicaturas se han de escoger los doctos y los desinteresados. Quien no es codicioso, a ningún vicio sirve, porque los vicios inducen el interés a que se venden. Sepan las leyes, empero no más que ellas; hagan que sean obedecidas, no obedientes. Éste es el punto en que se salvan los tribunales. Yo he dicho. Vosotros diréis lo que se os ofrece y propondréis los remedios más convenientes y platicables”.

Calló. Y como era multitud diferente en naciones y lenguas, se armó un zurrido de gerigonzas tan confuso, que parecía haberse apeado allí la tabaola de la torre de Nembrot: ni los entendían ni se entendían. Ardíase en sedición y discordia el sitio, y en los visajes y acciones parecía junta de locos u endemoniados. Cuando el gremio de los pastores, que con ondas ceñían los pellejos de las ovejas, que les eran más acusación que abrigo, dijeron que “los oyesen luego y los primeros, porque se les habían rebelado las ovejas, diciendo que ellos las guardaban de los lobos, que se las comían una a una, para trasquilarlas, desollarlas, matarlas y venderlas todas juntas de una vez, y que pues los lobos, cuando mucho, se engullían una, u dos, u diez, u veinte, pretendían que los lobos las guardasen de los pastores, y no los pastores de los lobos, y que juzgaban más piadosa la hambre de sus enemigos que la codicia de sus mayorales, y que tenían hecha información contra nosotros con los mastines de ganado”.

No quedó persona que no dijese:

—Ya entendemos: no son bobas las ovejas si lo consiguen.

En esto, los cogió la hora, y, enfurecidos, unos decían: “Lobos queremos”; otros: “Todos son lobos”; otros: “Todo es uno”; otros: “Todo es malo”. Otros muchos contradecían a éstos. Y viendo los letrados que se mezclaban en pendencia, por sosegarlos, dijeron que el caso pedía consideración grande, que lo difiriesen a otro día y, entre tanto, se acudiese por el acierto a los templos sagrados. Los franceses, en oyéndolo, dijeron:

—En siendo necesario acudir a los templos, somos perdidos, y tememos nos suceda[627] lo que a la lechuza cuando estaba enferma, que, consultando a la zorra, a quien juzgó por animal más graduado, su mal, juntamente con la picaza, a quien, por verla[628] sobre mulas matadas, juzgó por médico, la respondieron que no tenía remedio sino acudir a los templos, la cual lechuza, en oyéndolo, dijo:

—Pues yo soy muerta si mi remedio es acudir a los santuarios, pues mi sed los tiene a escuras, por haberme bebido el aceite de las lámparas, y no hay retablo que no tenga sucio.

El monseñor, levantando la voz, dijo: