Para tomar un verdadero conocimiento de todo esto, es menester distintas experiencias que la gravedad del caso lo pide: pues no debemos deferir á la relacion de una precipitada y obscura tentative, que por muchas razones puede engañarnos.
Es caractéristico de todo descubridor ponderar las dificultades y trabajos que ha vencido para hacer valer su mérito, y aun sin faltar á la sinceridad y buena fé, aquellas primeras impresiones suelen causar en el hombre distintas apariencias á proporcion de los afectos en que lo cogen. No seria estraño que á Villarino y los suyos, las soledades de aquellos parages, falta de comunicacion, y otros acasos, les produgesen un afecto ó pasion odiosa, que en su imaginacion elevase á encumbradas montañas de dificultades las colinas ó barrancas accesibles.
Cuando descubrieron el Rio Negro, el primer piloto de la real armada, D. Manuel Bruñel, y el teniente de infanteria D. Pedro García, en la zumaca San Antonio la Oliveyra, fué tal la impresion que les causó la barra, que retrocedieron al puerto de San José, y dieron por imposible su entrada. Fué Villarino, y demostró lo contrario; y en el dia se hace tan fácil, que con viento por la proa á bordos han entrado los bergantines. Si hubieramos estado á la decision é informes de aquellos sugetos no hubieramos visto un desengaño tan claro.
La navegacion del Rio Negro no se nos presenta imposible, sino dificultosa: esto es accesorio á todos principios, pues las mayores facilidades que despreciamos en el dia, en su orígen costaria mucho trabajo y vencimiento.
El tiempo, y la demostracion práctica de lo importante de esta entrada y camino, subsistiendo el establecimiento del Rio Negro, han de dar luz á ir preparando y allanando tanto horror, tanta dificultad como se aparenta, extendiendo sus poblaciones rio arriba, que servirán de escala á su comodidad; prepararán mayores intereses al comercio; contendrán el atrevimiento de los indios en los insultos y robos que experimentan las fronteras de Buenos Aires, serán los cimientos mas sólidos en que se han de fundar las esperanzas de reducir estos infieles habitadores de los vastos y fértiles terrenos que componen el Huechuhuehuem y faldas de las cordilleras, hasta la Concepcion de Chile, cuyas industriosas operaciones en el beneficio de las lanas, de que fabrican ponchos y mantas, el cultivo de la agricultura en que nos imitan, la poblacion fija, aunque muy dispersa de sus domicilios, nos ofrecen las mas vastas y felices ideas para la exaltacion de nuestra santa Fé, y prosperidad del Estado; y puede llegue el dia que á imitacion nuestra se rian de estas aparentes dificultades.
Para satisfacer á la segunda objecion, necesitaria enteramente de las pruebas y fundamentos que le dá su autor, pues en la primera adquirí algunas noticias que las saqué del diario que llevó Villarino en su navegacion. Pero en esta, si es cierto que dá por inaccesibles las cordilleras por aquellos parages, no puedo atinar con ellos, porque no los ha de sacar de su vasta comprension, ciencias y literatura, si no es en el de un desengaño físico, del que puede dar razon, y estar instruido el rústico mas zafio.
Es cierto que las cordilleras son inaccesibles por muchos parages. Los indios de San Julian contestan, que desde el Estrecho, tirando por la parte del norte, lo son aun para los brutos: lo mismo notó el Super-intendente D. Antonio de Viedma cuando reconoció el rio de Santa Cruz hasta su naciente[A], pero no debe entenderse con el rigor que piensa el autor, pues solo las encuentra accesibles por el camino que usamos por Mendoza á Chile. Son igualmente transitables desde Huechuhuehuem, ó Catapuliché, por el Portillo, á los indios y ganados que conducen. La prueba que doy á esta afirmativa es la uniforme contestacion de los indios habitadores de aquellos parages, á quienes he preguntado con proligidad repetidas veces, cuyas noticias se fueron comprobando con los descubrimientos de Villarino; ya con haber encontrado cerca del rio Diamante, el ganado vacuno y caballar que llevaban los indios hurtado de las fronteras de Buenos Aires, para vender á Valdivia, donde habian ofrecido esta remesa un año antes; y ya por haberle informado estos infieles, cuando llegó al Catapuliché, que habia bajado un cristiano de Valdivia, como un dia de camino, donde se hallaba, para tratar y ajustar la compra de él, dándole individuales señas de su persona[B].
Todas estas pruebas son de hecho propio: las del autor han de ser de reflexiones y referencias, cuya desigualdad es notoria en la fé de una justificacion que está apoyada tan legalmente. Pero enhorabuena, he de conceder la igualdad, que no tienen: en este caso, ¿no debiamos haber ocurrido á Valdivia á examinar y comprobar aquellas citas que eran un verdadero testimonio de la verdad? Pero ¿qué se hizo? Diferir en un todo á la autoridad del autor, como si las inaccesibles montañas, que formaba su imaginacion y discurso, fuesen verdaderas.
Supuesto que hay pruebas expuestas á favor y en contra de lo inaccesible ó transitable de las cordilleras por el Catapuliché, Huechuhuehuem á Valdivia, debemos estar en favor de estas últimas, á menos que un desengaño fisico de personas sínceras y verdaderas hagan ver lo contrario. No podemos dejar de conocer, que nos presenta la naturaleza los dos caminos que llevo propuesto por agua y por tierra á dicha plaza y reyno de Chile: pues en los tiempos oportunos no solo se puede navegar como llevo demostrado al parage donde llegó Villarino, sino de la laguna Huechum-lauquen, ó del límite de donde nace el rio, que está un dia de camino mas distante. Desde este sitio á Valdivia echan los indios en mula tres dias, por la aspereza de las montañas: tránsito muy corto, comparado con el que media por Mendoza á Chile, que nos franquea menos gastos y otras comodidades.
Desde el establecimiento del Rio Negro á la laguna Huechum-lauquen por tierra, su distancia aun no llega á 160 leguas: hasta la punta del Diamante se puede abrir camino muy cómodo para carretas, por la orilla del mismo rio, cuyas aguadas es el mayor socorro y alivio del ganado. A este sitio puede conceptuarse 120 leguas: desde él á dicha laguna 40, y desde esta á Valdivia 20; de modo, que siendo toda la distancia 180 leguas, las 120 es camino carretero muy suave y cómodo; las 40 con el tiempo talvez se pondrán en igual disposicion, aplicándose á suavizar algunos malos pasos; y las 20 restantes es el único malo que hay que transitar. Pero este, segun lo explican los indios, no tiene aquellos voladeros y precipicios que el de Mendoza á Chile. Compárese, pues, lo dilatado de este desde Buenos Aires, que pasa de 500 leguas, lo penoso y arriesgado de la travesia de sus pampas, por la escasez de agua é indios, con lo corto y suave del que puede abrirse por el Rio Negro, y de la seguridad de estos infieles, tomadas sus principales avenidas y puestos, que es otro de los asuntos que mas importa á la prosperidad de Buenos Aires, como demostraré en su lugar, por medio de las expresadas poblaciones.