[PARTE TERCERA.]
Los cortos principios del establecimiento del Rio Negro, y sus obstinadas oposiciones, causa de tantos desperdicios y gastos,[C] le tienen tan en el aire, que al menor huracan, todo él dá en tierra. Para su conservacion y aumento, se necesita mucho tino y pulso, porque la real hacienda no se halla en estado de gastos, y la multitud de informes y papeles remitidos á la Corte, han entibiado aquel primer fervor con que se promovió, borrando en el real ánimo sus fundamentos y causas, y si ahora no se procura sostener, todo es perdido.
Estas reflexiones me hicieron, ó por mejor decir, obligaron á dar el informe de 16 de Febrero de este año, que por órden de 14 del mismo me pidió el Señor Virey D. Juan José de Vertiz, para arreglar el establecimiento en la forma que manda Su Magestad por la real órden de 1.º de Agosto. La ciega obediencia y estado deplorable de estos asuntos no me dieron otro arbitrio, que manifestar el modo y forma de su reduccion, dejando campo para que tan corta raiz fomentase, y produjese las grandes esperanzas que anteriormente tengo expresadas; pues de haber manifestado yo, que en aquel estado no podia subsistir, preparaba el huracan á su entera ruina.
Allí reformo el establecimiento al solo número de 12 familias; propongo los medios de su conservacion y subsistencia, y abro campo con el fomento de la pesca de la ballena, y abasto de la sal para que se sostenga y prospere sin gasto de la real hacienda; y estos medios son los únicos que le han de sostener y fomentar, y los que deben merecer toda la atencion del presente Gobierno.
Aunque el primero es de mas importancia que el segundo, este es mas pronto y fácil, porque el gasto de la Provincia no cesa; y impetrando órden de Su Magestad, para que no se permita en España embarque y conduccion de este género á los puertos del Rio de la Plata, y se prohiba el que las carretas salgan para las Salinas como hasta aquí se ha practicado, se queda este provecho á beneficio de aquella poblacion, y sus vecinos, ocupados en las tareas de sus acopios y en el despacho de sus frutos, logran la provechosa utilidad de esta industria y comercio; que con la pesca de la ballena establecida en el puerto de San José será mas importante.
Si el estado en que se hallan los indios, y expediciones nuestras en su alcance, obligaren á reforzar aquel puerto con mas tropa, es otro fomento y utilidad de los vecinos: pues el dinero de su prest lo mas queda á su beneficio; procurando ellos hacer fructíferos aquellos terrenos con la industria y trabajo de sus labores, tomando distinto método que el que han llevado, pues ya por su natural desidia y haraganeria, y ya por las seducciones con que los desanimaban y entibiaban para que se aplicasen á la agricultura, asegurándoles que pronto los habian de sacar de aquel destino, y mudarlos á los amenísimos campos de Montevideo, que abundan de tanto ganado, que sin molestarse en poco tiempo lograrian enriquecerse, eran los que por todos medios procuraban hacer inútil la poblacion. Y estas influencias les alentaban para dedicar sus clamores al Sr. Vertiz, ponderando la esterilidad de los terrenos, los peligros á que estaban expuestos los indios, y el rigor del Super-intendente: porque su fervor, eficacia y fatiga no los dejaba dormir en el ocio de su haraganeria, y les obligaba á trabajar en la agricultura, por cuyos medios con las producciones de sus frutos ha verificado sus informes.
La conclusion de las obras del fuerte es otro medio que ha de coadyuvar en beneficio de los pobladores, porque el dinero que causen estos gastos, redunda como el prest de la tropa en su provecho, todo ello coadyuba á un mismo fin; pero es menester pobladores activos é industriosos; y este es uno de los puntos mas esenciales que debe tener presente el Superior Gobierno, porque ó poco ó nada servirá se les proporcione trabajo y salida á sus frutos, si dan con hombres que no los aprovechan, antes sí los desprecian.
El gasto que debe reformarse es el que causan á la real hacienda los bergantines destinados á los establecimientos de cuenta del Rey, porque este es el de mayor consideracion, y solo es útil á sus respectivos patrones ó capitanes. Por medio del comercio de sal y pesquería de la ballena se proporciona modo de abastecer el establecimiento de cuanto caresca y necesite, y facilitar el transporte de los destacamentos de operarios y tropa que se mude: para lo primero coadyuva su propio interes, porque estos géneros los venden en el establecimiento, y con sus utilidades sacan el costo del transporte de sal, y á cuenta de ellos pagarán los jornales de saca y conduccion al muelle á los vecinos. Para lo segundo podrá estipularse por regalia de estas licencias; y cuando no, menos costo le ha de tener al Rey pagar el flete cuando se le ofresca, que mantener unas embarcaciones, que le han de importar el todo de cada una al año seis mil pesos, y el flete por mucho que suba no ha de llegar á quinientos.
Si tiene efecto el refuerzo de tropa en el Rio Negro, talvez se proporcionará ocasion que contenga á los indios, y libres de recelos los pobladores, puedan extenderse en el egercicio de la argricultura, y cria de ganado; pues uno y otro han de ser los mas sólidos cimientos en que estribe, y se asegure la poblacion, atrayendo mayor número de vecinos, que por sí mismos formen cuerpos para resistirles, y escarmentarles en todo tiempo. Los terrenos, en la proporcion que ofrece el rio, valiendose del arte, á poca costa se pueden beneficiar con el riego, como tengo demostrado al Señor Virey en oficio de 26 de Marzo del año próximo anterior, número 26; y aun sin los medios que allí propongo, si los vecinos son aplicados, con norias que meuvan caballos pueden adelantar mucho; mayormente cuando allí no tienen costo, y es muy poco lo que cuesta este ganado.
Todo lo cual parece haber persuadido que los conatos y desvelos de nuestros católicos monarcas en proyectar y promover estos establecimientos, han sido efectos de un profundo conocimiento y estudio sobre la religion y la política; que estas dos bases de todo Gobierno ilustrado y cristiano, fueron el fundamento de las expediciones de Sarmiento. Las de los dos hermanos Nodales, la del capitan Olivares, con los Padres Cardiel, Quiroga y Strobl; la del capital de fragata D. Francisco Pando; la de D. Domingo Perlier, y ultimamente las que han salido de Montevideo y Buenos Aires, para las comisiones que se nos han confiado á los dos hermanos; que á pesar de todos los émulos que las quieren contradecir, siempre serán útiles estos establecimientos, por el fomento del comercio que proporcionan en la pesca de la ballena, en la conduccion de sal á Buenas Aires, y salida de las carnes de los ganados que crian sus inmensas campañas; por facilitar puerto para hacer mas suave la navegacion y comercio á la mar del sur, por cerrar y defender la puerta á nuestros enemigos, asegurando lo interior del reyno; por los progresos de la extension de sus poblaciones, porque ellas serán la mejor trinchera que contendrá á los indios salvajes, que á manera de un torrente impetuoso cada dia inundan estos campos, llevándose tras sí innumerable ganado caballar y vacuno, asolando las tristes habitaciones de los vecinos fronterizos á esta capital, haciendo que los caminos no sean seguros, y víctima de su furor á muchos desgraciados, que perecen inhumanamente cada dia á sus manos, de un modo horrible y espantoso. Y finalmente podrá conseguirse la mayor de las utilidades, que consiste en hacer hombres, y hombres cristianos á este gran número de salvajes. Utilidades que pueden conciliarse sin el dispendio del real erario, y que son las que me propuse describir en las tres partes de esta memoria, en la cual si hubiese alguna expresion menos digna, debe ser atribuida al ardiente celo con que miro estos establecimientos, pues mi ánimo jamas ha sido zaherir con mis expresiones á persona alguna. Todas ellas las sugeto á la superior correccion de V. E.; lisonjeándome, que atendiendo al buen fin con que estan dictadas, ha de disimular cualquier defecto que se encuentre. Sí, Señor Exmo., ¿como podré yo dudar que en el ánimo V. E., tengan benigna acogida unos pensamientos dirigidos á la prosperidad del Estado, y al aumento de la religion? V. E., que pesa todas las cosas en la balanza del saber, alcanza mejor que yo, qué materia se le propone para emplear toda la actividad de su celo hácia el real servicio. Ella puede hacer una gloriosa época en los tiempos felices del mando de V. E., quien como siempre hará lo mejor.—Buenos Aires, 1.º de Mayo de 1784.